martes, 30 de septiembre de 2025

FOUCAULT

Existimos, pero ¿quiénes somos?, se pregunta Foucault


No ser gobernados pastoralmente

En una conferencia impartida en la Sorbona en 1978, Foucault define la «crítica» en términos políticos como la voluntad de no ser gobernados pastoralmente, es decir, a través de una relación de obediencia permanente por medio de una serie de técnicas como la dirección de conciencia o la confesión. Este tipo de gobierno pastoral, de origen hebreo, se habría generalizado con la institucionalización de la Iglesia. La particularidad de este tipo de gobierno es que actúa, al mismo tiempo, sobre el rebaño, es decir, sobre la totalidad del grupo dado, y sobre cada una de las ovejas o miembros del grupo, en particular.

Al tratarse de un poder totalizante e individualizante, el gobierno pastoral pertenece tanto a la historia de un poder de tipo biopolítico —entendido como el gobierno de las poblaciones— como a la historia de los procesos de individualización o de sujeción individual. De esta manera, el pastorado inaugura la historia del sujeto occidental.

Esta forma de sujeción pastoral, por medio del establecimiento de una relación jerárquica que ha de ser permanentemente respetada y obedecida en nombre de la autoridad, fue ampliamente cuestionada a partir del siglo XVI a través de un movimiento de crítica que representaba una forma de resistencia frente a la autoridad establecida.

En una conferencia en la Sorbona en 1978, Foucault define la «crítica» en términos políticos como la voluntad de no ser gobernados pastoralmente, es decir, a través de una relación de obediencia permanente por medio de una serie de técnicas como la dirección de conciencia o la confesión

Este movimiento de crítica generalizada se materializó de distintas formas. En primer lugar, la Reforma protestante representa, para Foucault, el primer movimiento crítico como arte de no ser gobernado al introducir la crítica bíblica en el seno de la Iglesia y proponer una lectura alternativa de las Sagradas Escrituras. En segundo lugar, el derecho natural representó igualmente otra corriente de esta actitud crítica, ya que desde su aparición en el siglo XVI va a desempeñar una función crítica al defender la existencia de unos derechos universales frente a leyes particulares que se consideran injustas.

Por último, la crítica se manifiesta en el ámbito del conocimiento cuestionando las certezas impuestas por la autoridad, tanto a través de la revolución científica —piénsese en la defensa del heliocentrismo por parte de autores como Copérnico o Galileo— como de la filosofía, como ejemplifica Descartes en su Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias y su cuestionamiento de las certezas adquiridas por la enseñanza escolástica.

Deshacer las relaciones entre poder, verdad y sujeto

Estos fenómenos de cuestionamiento frente a lo que se nos impone como evidente con poder de ley inamovible, en el ámbito de la Biblia, del derecho y de la ciencia o el conocimiento, son capitales en la historia de la cultura occidental y nos muestran la actitud crítica como una forma de deshacer las relaciones entre poder, verdad y sujeto establecidas previamente por la práctica social gubernamental. En palabras de Foucault:

«Si la gubernamentalización es en efecto el movimiento mediante el cual se trataba, en la realidad de una práctica social, de sujetar a los individuos a través de unos mecanismos de poder que invocan una verdad, pues bien, yo diría que la crítica es el movimiento por el cual el sujeto se atribuye el derecho de interrogar a la verdad sobre sus efectos de poder, y al poder sobre sus discursos de verdad; la crítica será el arte de la inservidumbre voluntaria, el de la indocilidad reflexiva. La crítica tendría esencialmente por función la de sujeción en el juego de lo que se podría denominar, con una palabra, la política de la verdad». 
Foucault, ¿Qué es la crítica?

La Reforma protestante representa, para Foucault, el primer movimiento crítico como arte de no ser gobernado al introducir la crítica bíblica en el seno de la Iglesia y proponer una lectura alternativa de las Sagradas Escrituras

El trabajo arqueológico de Foucault se sitúa en esta tradición crítica al tratar de describir las relaciones de saber-poder que sostienen la aceptabilidad de un sistema, ya sea el de la enfermedad mental, el de la penalidad, el de la delincuencia, el de la sexualidad, etc.

Su método arqueológico es crítico en la medida en que «recorre el ciclo de la posibilidad desde el hecho de la aceptación hasta el sistema de la aceptabilidad, analizado a partir del juego de saber-poder». Este análisis le permite a Foucault mostrar la naturaleza histórica de las condiciones de aceptabilidad de los sistemas, que como resultado de investigaciones como Historia de la locura o Vigilar y Castigar aparecen como arbitrariedades violentamente impuestas.

«No era en modo alguno evidente por sí mismo que la locura y la enfermedad mental se superpusieran en el sistema institucional y científico de la psiquiatría; tampoco era un hecho dado que los métodos punitivos, el encarcelamiento y la disciplina penitenciaria, terminaran por articularse en un sistema penal; tampoco lo era que el deseo, la concupiscencia, el comportamiento sexual de los individuos tuvieran que articularse efectivamente unos con otros en un sistema de saber y normalidad llamado sexualidad»
Foucault, ¿Qué es la crítica?

¿Quiénes somos?

En Le Nouvel observateur, en abril de 1979, Foucault vuelve a la pregunta formulada en 1784 por la Gaceta de Berlín: «¿Qué es Ilustración?», y a la que respondieran tanto Inmanuel Kant como Moses Mendelssohn, para señalar el momento inaugural en el que la filosofía se constituye como tradición crítica, de la que Hegel, Nietzsche, Husserl, la Escuela de Frankfurt o el propio Foucault pueden considerarse continuadores.

Este sentido crítico tendría que ver con la problematización del tiempo presente, de la contemporaneidad: «¿Qué es esto que somos nosotros en este tiempo presente que es el nuestro?». Una pregunta que desde entonces habría sido la piedra de Sísifo de toda la filosofía que vino después. Foucault se alinea con esta tradición crítica y, frente al «pienso, luego existo» cartesiano como primera certeza sobre la que construir, plantea todo su trabajo a partir de una constatación y su cuestionamiento crítico: «Existimos, pero ¿quiénes somos?».





lunes, 29 de septiembre de 2025

ÉTICA

 La ética en el dilema del tranvía: ¿es legítimo causar un mal para evitar otro mayor?

¿Debemos intervenir para salvar a cinco personas aunque eso implique causar directamente la muerte de otra? Este experimento mental, formulado por las filósofas Philippa Foot y Judith Jarvis Thomson, ha trascendido el ámbito académico y se ha convertido en un punto de referencia para la ética contemporánea. Examinamos su potencia filosófica, las tensiones entre matar y dejar morir y cómo el dilema del tranvía ha reconfigurado nuestra manera de pensar lo justo y lo correcto.


En el paisaje de la filosofía moral contemporánea, pocos experimentos mentales han generado tanto debate, investigación y aplicación práctica como el dilema del tranvía. Es un dilema sencillo: un tranvía fuera de control se dirige hacia cinco personas y podemos salvarlas desviando el vehículo hacia una vía donde matará a una sola persona.

Sin embargo, y a pesar de su sencillez (o precisamente por esta), ha trascendido sus orígenes académicos para convertirse en un paradigma interdisciplinario que ilumina tensiones fundamentales en nuestro pensamiento ético. Su potencia radica en la manera en que condensa preguntas filosóficas clásicas: ¿es lícito hacer daño a uno para evitar un mal mayor?, ¿pueden justificarse los fines por los medios?

¿Qué es el dilema del tranvía?

Orígenes intelectuales

El problema del tranvía fue formulado por primera vez por la filósofa Philippa Foot en su artículo «The Problem of Abortion and the Doctrine of the Double Effect» (en español: «El problema del aborto y la doctrina del doble efecto», publicado originalmente en 1967). Aunque Foot no empleó la imagen del tranvía ni el nombre por el que luego se conocerá el dilema, planteó un caso estructuralmente equivalente: un conductor debe decidir si desvía un vehículo fuera de control para minimizar el daño. Su pregunta era esta: ¿está justificado desviar un vagón fuera de control para matar al menor número posible de personas?

El objetivo de Foot era examinar la validez de la doctrina del doble efecto (llamada así porque hay un efecto positivo y uno negativo). Esta doctrina nace de la tradición moral católica —desarrollada por Santo Tomás de Aquino— según la cual una acción con consecuencias malas puede ser moralmente permisible si el mal no es buscado como fin ni usado como medio, sino solo previsto como efecto colateral. En otras palabras, el cristianismo pensó durante mucho tiempo en los grises de nuestras acciones (como en mentir para salvar vidas inocentes) y el dilema de tranvía es un escenario ideal para probar esto.

La versión más conocida del dilema, con el tranvía como protagonista y sus dos escenarios, fue introducida posteriormente por la filósofa Judith Jarvis Thomson en su artículo «Killing, Letting Die, and the Trolley Problem» (en español: «Matar, dejar morir y el dilema del tranvía», publicado originalmente en 1976), donde reformuló el problema para cuestionar las intuiciones morales tradicionales y explorar sus implicaciones normativas.

El dilema del tranvía, ideado por Philippa Foot y popularizado por Judith Jarvis Thomson, pone a prueba nuestros principios morales: ¿es legítimo causar un mal para evitar otro mayor? Su fuerza reside en cómo simplifica decisiones éticas complejas

La estructura del dilema

En su formulación canónica, el problema presenta dos escenarios estructuralmente análogos pero moralmente distintos. Y esto es importante, y a menudo se olvida: el dilema no es un único escenario, sino cómo reaccionamos ante dos escenarios distintos cuando los pensamos juntos. Estos escenarios son:

  • Escenario del desvío. Un tranvía fuera de control se dirige hacia cinco personas que se encuentran en una vía. Morirán inevitablemente si no se hace nada. Tú estás junto a una palanca que puede desviar el tranvía hacia otra vía, donde hay una sola persona. Si la desvías, salvas a los cinco, pero muere una. La mayoría de las personas intuye que es moral tirar de la palanca: no se desea la muerte de esa persona, pero es el costo colateral de evitar una tragedia mayor.
  • Escenario del puente. El mismo tranvía se dirige hacia las mismas cinco personas. Estás ahora en un puente sobre las vías, junto a una persona corpulenta cuyo cuerpo, si lo empujas, detendría el tranvía. Salvarías a los cinco, pero matarías directamente a esta persona. La mayoría de las personas intuye que sería moralmente problemático empujarla. Aquí, la muerte de esa persona no es un efecto colateral, sino el medio necesario para lograr el fin deseado.
El objetivo principal del dilema es enfrentar las doctrinas utilitaristas, según las cuales, la elección moral se basa en escoger siempre el máximo beneficio para la mayoría. En el dilema del tranvía vemos que esa elección no es tan sencilla y que no siempre basta con que haya un beneficio para la mayoría (con la palanca, sí; empujando a alguien, no).

Otra doctrina que se tambalea ante el dilema del tranvía son aquellas derivadas de las éticas deontológicas. Según estas doctrinas, el deber es el deber y no hay duda ante él. Sin embargo, con el dilema del tranvía vemos que no es tan sencillo porque, aunque el deber nos dice que nunca debemos matar a nadie, hay ocasiones donde todas las opciones están por fuera del deber (siempre muere alguien).

El dilema y la tradición cristiana

El dilema del tranvía representa una preocupación constante de la tradición cristiana que no ha cesado de preguntarse por la opción más ética dentro de un rango de opciones ambiguas (siempre muere alguien). En este sentido, el dilema del tranvía formaliza y simplifica en forma de dilema un problema que era fundamental para la tradición cristiana: cómo manejarnos en los grises de la vida para saber si somos buenas personas (o no tanto).

Evidentemente, los teólogos clásicos del cristianismo no conocían el dilema del tranvía, pero su doctrina del doble efecto resuelve en parte el dilema señalando que en toda acción debían distinguirse entre la neutralidad del acto, la intención, la independencia causal y la proporcionalidad. Veamos una a una:

  • Neutralidad del acto. La acción en sí misma debe ser moralmente neutra o al menos intrínsecamente buena. Es decir, no puede tratarse de una acción que, por su propia naturaleza, sea mala, como asesinar deliberadamente a un inocente. En el caso del tranvía, empujar una palanca sí que es un acto neutral, mientras que no lo es empujar a alguien por un puente.
  • Intención recta. El agente debe perseguir exclusivamente el efecto bueno; el efecto malo no debe ser deseado, ni como fin ni como medio, sino solo tolerado como una consecuencia secundaria. En ambos casos, suponemos, nadie desea más muertes.
  • Independencia causal. Aquí hay un punto crucial. Para la doctrina del doble efecto, el efecto bueno no debe surgir causalmente del efecto malo. Es decir, no podemos obtener el bien gracias al mal. En el escenario de la palanca, la muerte de la persona es un efecto colateral (podría no haber alguien ahí), algo contingente; en el caso del puente, la muerte de la persona que arrojamos es necesaria, no podría ser de otro modo.
  • Proporcionalidad. El bien que se busca debe ser lo suficientemente importante como para justificar la permisibilidad del mal tolerado. No basta con que haya un beneficio; debe ser proporcionalmente mayor que el daño causado.

Estos teólogos morales católicos, entre los que se encontraban Francisco de Vitoria o Francisco Suárez, querían aplicar la moral cristiana a casos como las guerras justas, la defensa propia o decisiones médicas bastante límites. Ellos distinguieron entre la muerte directa (directe voluntarium) —aquella que es fin o parte del acto, como en el caso del puente— y la muerte indirecta (indirecte voluntarium) —aquella que no se busca pero se tolera como efecto previsible, como en la palanca—.

El dilema del tranvía contrapone dos escenarios moralmente distintos y cuestiona tanto las éticas utilitaristas como las deontológicas. La tradición cristiana aborda este conflicto mediante la doctrina del doble efecto, que distingue entre daño colateral y daño intencionado

Contra el utilitarismo

Como ya hemos señalado, el dilema del tranvía expone con precisión quirúrgica las limitaciones del «consecuencialismo agregativo simple», es decir, aquella posición ética que sostiene que el valor moral de una acción depende exclusivamente de sus resultados agregados en términos de bienestar o utilidad. Según esta teoría, en todos los escenarios es mejor que muera una persona a que mueran cinco. Con el dilema del tranvía aprehendemos una crítica fundamental: no es lo mismo activar una palanca y generar una muerte ocasional que tener que matar a alguien con nuestras propias manos.

Desde la lógica del cálculo utilitario, no hay diferencia relevante entre los dos actos, ya que el saldo neto de vidas salvadas es el mismo. El caso es que nuestras intuiciones morales más arraigadas rechazan esta equivalencia. La mayoría de las personas aceptan la acción de desviar, pero se niegan a empujar. Esta asimetría intuitiva plantea un desafío frontal al consecuencialismo porque muestra que no solo importa qué sucede, sino cómo sucede.

Esta diferencia no es meramente psicológica: remite a una estructura normativa que valora no solo los resultados, sino también las modalidades de la acción, los modos en que los seres humanos entran en relación unos con otros. El dilema, así formulado, obliga a reconsiderar la validez de una ética puramente agregativa y abre la puerta a modelos que incorporen la intención, la estructura causal del acto y la posición moral del agente. El dilema del tranvía no refuta la importancia de las consecuencias, pero muestra que las consecuencias por sí solas no bastan.

El dilema del tranvía revela los límites del consecuencialismo: no basta con evaluar consecuencias, también importa cómo se actúa. La diferencia entre desviar y empujar cuestiona una ética basada solo en el saldo de vidas salvadas

Contra la idea del deber

El dilema del tranvía no solo pone en cuestión el consecuencialismo, sino que también problematiza las versiones más rígidas de las éticas deontológicas. Estas teorías postulan derechos absolutos, como el derecho a no ser matado, lo que a la luz del dilema parecen insuficientes para explicar por qué nuestras intuiciones morales distinguen entre el caso de la palanca y el caso del puente, cuando en ambos se sacrifica una vida. Esta insuficiencia sugiere que no basta con invocar derechos inviolables, sino que debemos comprender la estructura moral de las acciones: quién actúa, a quién afecta, con qué intención, y a través de qué relaciones causales.

De hecho, este dilema ha propiciado el desarrollo de deontologías más sofisticadas, que introducen distinciones estructurales entre tipos de acción e intención, sin apoyarse exclusivamente en reglas absolutas. En esta línea, Philippa Foot aportó una de las distinciones más influyentes al defender la relevancia moral entre matar y dejar morir. Matar, argumentaba, consiste en iniciar activamente una cadena causal que desemboca en la muerte de otro, mientras que dejar morir supone simplemente no interferir en una cadena ya en curso.

Las aplicaciones del dilema del tranvía

La neurociencia ha introducido una nueva dimensión en el estudio del juicio moral, desafiando la vieja separación entre razón y emoción. Joshua Greene, a través de estudios de neuroimagen funcional, ha mostrado que los juicios sobre dilemas «personales», como el caso del ser humano empujado desde el puente, activan áreas cerebrales asociadas a la emoción, mientras que los casos «impersonales», como desviar el tranvía mediante una palanca, movilizan regiones vinculadas al razonamiento abstracto.

Esta investigación no se limita al terreno especulativo. El dilema del tranvía ha migrado a ámbitos prácticos como la bioética, donde la distinción entre matar y dejar morir informa debates sobre la eutanasia activa y pasiva, el triaje en situaciones de escasez y la asignación de órganos.

En el terreno de la política pública, la estructura lógica del dilema ha servido para ilustrar conflictos entre justicia distributiva y respeto por la individualidad. Robert Nozick lo ha utilizado para argumentar contra las teorías redistributivas: si no estamos dispuestos a empujar a una persona desde un puente para salvar a cinco, tampoco deberíamos redistribuir su riqueza forzosamente para beneficiar a otros.

El derecho internacional humanitario también ha absorbido estas distinciones. En los debates sobre daño colateral y ataques proporcionales, la doctrina del doble efecto opera como principio estructurante: no es lo mismo causar la muerte de civiles como medio para un fin militar que preverla como consecuencia no deseada. Los principios de discriminación y proporcionalidad, pilares de la teoría de la guerra justa, responden directamente a estas preocupaciones.

Por otro lado, con el desarrollo de tecnologías autónomas, el dilema del tranvía se ha hecho literal. ¿Debe un coche autónomo proteger a su pasajero a costa de atropellar a varios peatones? ¿Cómo deben programarse estos vehículos ante situaciones donde no hay opción sin víctimas? Lo que antes era un experimento mental se ha convertido en decisión de ingeniería. En el ámbito más general de la inteligencia artificial, el problema del alignment —cómo lograr que los sistemas artificiales actúen de manera moralmente aceptable— también retoma la lógica distributiva del tranvía.

No faltan, sin embargo, críticas a esta proliferación de escenarios tipo tranvía. La primera objeción apunta a su artificialidad. Incluso Judith Jarvis Thomson expresó dudas sobre la relevancia práctica de casos tan extremos. La filosofía experimental ha revelado, además, importantes variaciones culturales en las respuestas, cuestionando la idea de una moralidad universal.

De hecho, algunos estudios de John Doris y Shaun Nichols muestran cómo pequeñas alteraciones en la formulación del dilema provocan cambios drásticos en los juicios, lo que sugiere que nuestras intuiciones son inestables y sensibles al contexto. Además, y desde otra perspectiva, algunos filósofos acusan a este enfoque de reduccionismo: centrar la ética en casos límite puede oscurecer la complejidad moral de la vida cotidiana, donde las decisiones rara vez se presentan como opciones binarias.

Pese a estas limitaciones, el dilema del tranvía ha reconfigurado el mapa de la filosofía moral. Ha convertido una cuestión abstracta en un nodo interdisciplinar, generando colaboración entre filósofos, psicólogos, neurocientíficos, juristas, economistas y expertos en inteligencia artificial. En el terreno pedagógico, se ha consolidado como herramienta fundamental para introducir a estudiantes en las tensiones entre deontología, consecuencialismo y teorías intermedias.

Más que un juego intelectual, el dilema del tranvía se ha convertido en un campo de prueba para nuestras teorías morales y nuestras instituciones (e intuiciones) éticas.








TALES DE MILETO

 



¿Quién fue Tales de Mileto?

Tales de Mileto fue un filósofo y matemático griego que vivió entre el 624 a. C y el 548 a. C en Mileto, actual territorio de Turquía. Su filosofía se caracterizó por romper con las explicaciones mitológicas del mundo y dar paso a un pensamiento racional y lógico. A esta transformación se la conoce como el paso del mito al logos, y se considera que así tuvo comienzo la filosofía occidental.

Se ubica a Tales entre los primeros filósofos físicos o presocráticos. Con él comenzó un período que se caracterizó por dejar de lado las explicaciones religiosas o mitológicas respecto a los fenómenos físicos y el principio del mundo. Se lo suele nombrar como el primer filósofo de la humanidad, aunque es necesario aclarar que esto es cierto solo para el mundo occidental, heredero del pensamiento grecolatino. En su momento, se lo pensó también como uno de los siete sabios de Grecia.

Uno de los temas principales que ocupó su estudio fue el arjé o principio de las cosas. En griego clásico, el arjé (ἀρχή) es el «principio» u «origen» de todo lo que es, tanto en sentido temporal como de fundamento ontológico. Para Tales de Mileto, el principio constitutivo del mundo era el agua, y por eso sostuvo que todas las cosas estaban formadas por ella. Se cree que sus ideas y descubrimientos abarcan disciplinas como la matemática, la ingeniería y la astronomía.

De hecho, se le atribuye haber pronosticado el eclipse solar ocurrido en el año 585 a. C. Sin embargo, varias escuelas filosóficas clásicas, modernas y contemporáneas dedicadas a la historia de la filosofía sostienen que esto no es cierto y que, en todo caso, al no haber una fuente directa de su pensamiento, la hipótesis carece de fundamento.

Principales ideas de Tales de Mileto

Las ideas de Tales pueden resumirse en:

  • Para Tales, el universo físico podía ser explicado desde la razón, pese al desorden que aparentaba. Rechazaba todo pensamiento basado en lo místico o mágico.
  • Investigó sobre el principio único del universo y su naturaleza. Comenzó preguntándose sobre la naturaleza de las cosas y consideraba que, así como el trozo de un mineral se podía convertir en cobre, todas las sustancias podían convertirse en otras.
  • Consideraba que la primera causa de todo debía ser material y eterna. Se preguntaba si en su origen todas las sustancias podrían tener el mismo aspecto y si todas las cosas eran en realidad aspectos diferentes de una misma materia original.
  • Consideraba a la Tierra como un disco plano que estaba suspendido sobre un océano infinito cubierto por una semiesfera color celeste que era el cielo.
  • Fue el primero en introducir la geometría en Grecia y a él se le atribuyen teoremas y descubrimientos matemáticos. Muchos de ellos están recogidos en la obra Elementos del matemático griego Euclides.
  • Según Diógenes Laercio, historiador griego, Tales fue capaz de predecir un eclipse y estimó el tamaño de la luna respecto al Sol.
  • Se cree que fue uno de los primeros pensadores en utilizar el pensamiento deductivo.
  • Creía en una ley universal (a la que se podía acceder mediante la razón) que controlaba y regulaba todo.
  • No distinguía a la filosofía de la ciencia.

Vida y obra de Tales de Mileto

No se tienen datos precisos sobre la vida de Tales de Mileto. La mayoría de la información proviene de doxógrafos y recopiladores posteriores a la época en que Tales vivió y pensó. Sin embargo, existe cierta información que se considera canónica, especialmente por la autoridad de su fuente, como la Metafísica de Aristóteles, donde hace referencia a Tales y su obra, especialmente en su carácter de filósofo físico o naturista.

Tales nació en un territorio denominado Mileto, perteneciente a la Antigua Grecia y actual territorio de la costa occidental de Turquía. Como era característico, en aquella época a los pensadores se los llamaba por su nombre seguido del sitio de nacimiento, por lo que a Tales se lo conoce como Tales de Mileto.

Aunque sus teorías revolucionaron el pensamiento y sus ideas perduran hasta el presente, no se conserva ningún escrito original de este pensador ni se sabe que haya escrito alguno en concreto. Debido a esto, no existen fuentes primarias que acrediten la autoría de muchos de los descubrimientos que se le atribuyen a Tales, y la mayoría de los datos que se tiene de su vida son aproximados. Se cree que nació en Mileto en el 624 a. C. y que durante su juventud se trasladó a Egipto. Allí aprendió geometría y otras ciencias estudiando con los sacerdotes egipcios.

A Tales se le atribuyen varios teoremas y razonamientos, entre los que se destacan los teoremas que llevan su nombre en el ámbito de la geometría, aun cuando, incluso de estos, se desconfía de su autoría.

La escuela de Mileto o Jónica

La escuela de Mileto o Jónica fue fundada por Tales de Mileto, junto con dos filósofos contemporáneos y habitantes de Mileto: Anaximandro y Anaxímenes. Esta escuela es considerada la más antigua de Grecia y se caracterizó por estudiar a la naturaleza y el principio constitutivo del mundo, razón por la que se conoce a estos filósofos como los “físicos”. Los filósofos milesios fueron los primeros en suponer que por medio del pensamiento se podía encontrar respuestas a cierta uniformidad del universo, así como a la alternancia entre el día y la noche o el verano y el invierno, por ejemplo.

Anaximandro (610 a. C. -– 545 a. C.) fue discípulo de Tales y sostenía que el principio constitutivo del mundo, o arjé, era el apeiron, y lo definió como aquello indefinido e ilimitado. Por su parte, Anaxímenes (590 a. C -– 524 a. C.) sostenía que el elemento constitutivo del universo era el aire.

De los testimonios de Aristóteles y Diógenes Laercio podemos decir con seguridad que Tales fue el fundador de la escuela jonia de filosofía y que consideró al agua como la sustancia fundante o “principio material” de todas las cosas. Esta idea respecto al agua como principio material o arjé es la que llevó a Tales a ser considerado como el primer filósofo griego o el primer pensador occidental.

El eclipse

El otro dato seguro que se tiene de Tales, por medio de Heródoto (historiador que vivió 150 años después), es que Tales predijo a los jonios que habría un eclipse durante el combate entre Lidia y Media, el 28 de mayo del año 585 a. C. Esta predicción está considerada como uno de los acontecimientos más importantes de la Antigüedad.

Estudios posteriores, sin embargo, han probado que Tales no pudo haber predicho la fecha del eclipse con exactitud y basándose en un método matemático, ya que su concepción del mundo era el de un planeta plano que flotaba sobre una fuente de agua infinita. Esto no le pudo haber permitido realizar los cálculos necesarios para calcular la distancia entre la Tierra y la Luna y esta y el Sol. De hecho, es el propio Heródoto el que da la impresión de mostrar que Tales no hizo más que indicar el año del eclipse utilizando un período de cálculo conocido como Saros (un ciclo de 223 meses lunares).

Más allá de las imprecisiones, la falta de conocimiento de primera mano y los rumores y dichos acerca del filósofo jonio, es innegable la magnitud de los cambios que introdujo en el pensamiento filosófico griego y occidental. El solo hecho de que Aristóteles, máxima autoridad historiográfica de la Antigüedad, lo mencione en la Metafísica como el primer filósofo ya es razón suficiente para darle un lugar privilegiado en la historia de la filosofía occidental.

El agua como arjé o primer principio

Aristóteles escribe en su Metafísica que se dice que, a partir de su estudio sobre la naturaleza de las cosas, Tales llegó a la conclusión de que todas las sustancias derivan de una misma materia. A raíz de esta afirmación, estableció que el arjé (o arché, el origen, fundamento o principio de las cosas) era el agua, porque no era posible que ningún ser vivo (animal o vegetal) tuviera vida sin ella. Dice Aristóteles sobre esta idea del primer principio:

(...) Tales, que fue el primero en cultivar esta clase de filosofía, dice que el principio es el agua y, por esta razón, afirmaba que la tierra descansa sobre el agua. Su conjetura puede haber nacido de la observación del hecho de que el alimento de todos los seres es húmedo, y de que el calor mismo nace de la humedad y vive por ella, y esto de lo que todas las cosas se originan es su primer principio.
(Metaph. A, 983 b 6 y sigs.)

Este pensamiento y la búsqueda de la explicación de fenómenos físicos a través de la razón convirtieron a Tales en el “padre de la filosofía”. Aunque los filósofos de su época no aceptaban la idea de que el origen de las cosas fuera el agua, sí aceptaban y coincidían en que todo provenía de un mismo origen. Para Anaximandro el origen de todo era el apeirón, para Anaximenes era el aire, para Heráclito el fuego y para Parménides el ser.

Aportes matemáticos y los teoremas de Tales

Se cree que Tales introdujo la geometría en Grecia luego de haber viajado y estudiado en Egipto. En la actualidad existen dos teoremas que se aplican en el campo de la geometría y se le atribuyen a Tales. Se cree que los utilizó para medir la altura de las pirámides de Guiza, en Egipto, a partir de sus sombras.

En la actualidad se considera que los siguientes dos teoremas fueron descubiertos por Tales o, en todo caso, llevan su nombre en su honor:

  1. Primer teorema de Tales. Afirma que si sobre un triángulo se traza una línea paralela (tomando como referencia alguno de sus lados), se obtendrá un triángulo más pequeño semejante al primero.
  2. Segundo teorema de Tales. Se aplica en geometría y hace referencia a los triángulos rectángulos, las circunferencias y los ángulos inscritos. Sostiene que cuando un triángulo se forma con el diámetro de una circunferencia y dos secantes, el ángulo que se forma frente al diámetro mide 90°.

Otros aportes matemáticos que se le atribuyen a Tales son:

    • Un círculo se divide en dos partes iguales por su diámetro.
    • Los ángulos que hacen a un triángulo isósceles son iguales.
    • Si dos líneas rectas se intersectan, sus ángulos opuestos son iguales.
    • En un semicírculo, su ángulo inscrito es recto.
Sin embargo, estos datos son atribuidos a Tales por Diógenes y Proclo (adjudicar a grandes pensadores grandes descubrimientos era una práctica muy común en la antigüedad).



PITAGORAS

 


¿Quién fue Pitágoras?

Pitágoras de Samos, también conocido simplemente como Pitágoras, fue un filósofo y matemático de la Antigua Grecia, conocido por sus contribuciones en el avance de la aritmética, la geometría y la matemática helénica, y por haber influenciado tanto a Platón como a Aristóteles.

Se lo considera como el primer matemático puro ya que esta disciplina ocupó mayoritariamente (aunque no exclusivamente) sus intereses, y aún conservamos algunos de sus teoremas y postulados, especialmente en geometría y aritmética.

Sus aportes al pensamiento occidental fueron claves y centrales a pesar de que no se conserva ningún texto de su autoría y de que resulta difícil discernir su pensamiento del de sus discípulos.

Vida de Pitágoras

Algunos dicen que Pitágoras murió en la ciudad de Metaponto.
Pitágoras nació en la ciudad griega de Samos, Jonia, alrededor del año 569 a. C. Si bien no existen datos certeros sobre las fechas de su vida, sabemos por Aristóxeno, filósofo griego, que Pitágoras abandonó Samos a los cuarenta años, por lo que se cree que nació alrededor de la fecha propuesta. Se estima que murió alrededor de los setenta u ochenta años. No existe una fecha cierta de nacimiento, ni más información certera.

Su padre era Mnesarco, un mercader originario de la ciudad de Tiro, tallista-grabador de piedras preciosas, y su madre era una lugareña de nombre Pythais.

Sabemos que Pitágoras viajó a Egipto y Babilonia, lo que le habría brindado la oportunidad de cultivarse desde épocas muy tempranas: aprendió a tocar la lira, recitar a Homero y escribir poesía. Se cree que Polícrates le dio una carta de presentación para el faraón Amasis, amigo y aliado del tirano griego.

Pitágoras emigró a Crotona, sur de Italia, posiblemente animado por Democedes, físico de la corte de Polícrates. Allí fundó su escuela y tuvo un gran impacto e influencia en los gobernantes regionales, pensadores e incluso artistas, matemáticos y artesanos, ya que Pitágoras, hijo de un artesano, era por sí mismo un artista experimentado.

Una vez fundada su escuela, su influencia se extendió por todas las ciudades vecinas. En muchas de ellas, incluso, varios miembros de la comunidad pitagórica llegaron a ocupar puestos dirigentes y de poder. Esto llevó a lo que se conoce como “la conspiración de Cilón”, a través de la que fueron asesinados muchos pitagóricos y tuvo como resultado el destierro de Pitágoras y su posterior refugio en el templo de las Musas, en Metaponto, donde murió de hambre.

De la formación general de Pitágoras se sabe poco más de lo dicho. Se cree que fue discípulo de caldeos y hombres instruidos de Siria. También se menciona a Ferécides de Siros, un Tales de Mileto ya bastante anciano y, por último, al discípulo de este, Anaximandro. Alrededor de la vida de Pitágoras se formaron muchos mitos y leyendas, que fueron recogidas por algunos filósofos neoplatónicos y neopitagóricos.

La obra más extensa sobre su vida data del siglo III d. C. y fue escrita por Diógenes Laercio y Porfirio. La obra Sobre la vida pitagórica, de Jámblico, también es un texto valioso sobre la vida de Pitágoras.

Se desconoce mucho respecto a la muerte de Pitágoras, aunque se asume que ocurrió aproximadamente en el año 532 a.C., luego de que la hermandad pitagórica fuera desarticulada por sus rivales políticos. Según la versión más extendida, Pitágoras habría muerto en la ciudad de Metaponto, donde se exhibía su tumba en tiempos del Imperio Romano. Allí se habría refugiado en el templo de las Musas, donde se habría escondido tras el ataque a su escuela, hasta morir de hambre y deshidratación general.

La hermandad pitagórica

La Hermandad Pitagórica admitía tanto hombres como mujeres.
En la ciudad italiana de Crotona, alrededor del año 522 a. C., Pitágoras se asentó luego de haber sido prisionero de guerra del emperador persa Cambises II, quien invadió Egipto en 525 a. C.

En esta ciudad italiana fundó su escuela, conocida como “la hermandad pitagórica”, en la que eran aceptados tanto hombres como mujeres. Se llamaban a sí mismos “matemáticos” (matematikoi) por considerar que la realidad es de naturaleza matemática, y ejercieron y promovieron el estudio de los números más allá de su uso para el comercio y las cuestiones políticas.

La hermandad llegó a tener 300 seguidores, conocidos como “los pitagóricos”, quienes no tenían posesiones, practicaban el vegetarianismo y se dividían entre miembros del grupo duro y los oyentes (llamados “acusmáticos” y que no habitaban en el templo).

La escuela tenía cierto carácter de secretismo, motivo de sospecha y envidia por parte de sus enemigos y disidentes. Se promovía la vida comunal y se invitaba a todo aquel que formase parte a integrarse de manera total. El ascetismo y la metempsicosis (la creencia del traspaso de ciertos elementos psíquicos de un cuerpo a otro) eran prácticas habituales entre sus miembros.

Alrededor de 500 a. C., los pitagóricos asumieron cierto rol político en la región y se fragmentaron en casas, hasta que fueron atacados y vencidos en 460 a. C. por sus opositores políticos.

Principios pitagóricos

Pitágoras y sus discípulos se guiaban filosóficamente por los siguientes principios:

      1. La realidad, en su percepción más profunda, es de tipo matemática. Las cosas son números.
      2. La filosofía puede ser un camino hacia la purificación espiritual.
      3. El alma humana puede elevarse lo suficiente como para fusionarse con lo divino.
      4. Ciertos símbolos de naturaleza mística son considerados como signos sagrados.
      5. Todos los miembros de la hermandad pitagórica deben mantener un absoluto secreto respecto a sus creencias y sus prácticas.

Aportes de Pitágoras

Los principales aportes de Pitágoras fueron:

  • Filosofía. Pitágoras fue el primer pensador griego en proporcionar una explicación no mística o religiosa del origen de todo lo que es. Su idea de un principio físico o natural como sostén y composición de las cosas de la vida dio paso a la apertura de un camino racional y discursivo para pensar el mundo tal como lo conocemos.
  • Matemática. Pitágoras formuló el teorema que lleva su nombre, según el cual “la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa”. Se le atribuye también la construcción geométrica de los primeros sólidos perfectos, el descubrimiento de los números perfectos y números amigos, así como números poligonales. Su trabajo con triángulos y con la raíz cuadrada es fundacional para la disciplina.
  • Astronomía. Fue de los primeros en señalar que el lucero del alba y el lucero vespertino son el mismo planeta: Venus. También enseñaba que la Tierra era el centro del universo (modelo geocéntrico) y que la luna la orbitaba alrededor del ecuador, aunque estos descubrimientos también se le atribuyen a Parménides.
  • Música. Se le atribuye el descubrimiento de las leyes de intervalos musicales regulares, así como la invención del monocordio, además de la enseñanza de un uso ético y medicinal de la música. De allí se implementó, además, la idea de que existe una armonía recíproca entre los distintos sistemas del universo y que, en ese sentido, astronomía, música, salud y otras áreas del pensamiento están emparentadas
Reconocimientos de Pitágoras

Más allá de las teorías que llevan su nombre, se homenajea el nombre de Pitágoras con un cráter lunar (Pythagoras) y un asteroide (6143) del sistema solar.





PLATÓN

 


¿Quién fue Platón?

Platón fue un filósofo griego nacido en Atenas que vivió entre el 427 y el 347 a. C. Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, es uno de los filósofos más influyentes en la historia de la filosofía.

Se le conoce principalmente por haber sido el primer filósofo en presentar una obra de manera más o menos sistemática. Entre sus ideas más importantes están: la teoría de las formas (o teoría de las ideas), la alegoría de la caverna y el famoso dualismo platónico que divide al mundo en un ámbito sensorial y uno inteligible.

En el 387 a. C. fundó la Academia, una escuela filosófica que perduró por 900 años y en la que se enseñó matemáticas, medicina, retórica y astronomía, entre otras disciplinas. Al día de hoy la Academia es considerada de manera unánime como la primera universidad de Occidente.

La filosofía de Platón fue recopilada en distintas obras, conocidas generalmente como “diálogos platónicos”. Esto es así por la forma en que están articuladas, que responde a la estructura de un diálogo. En ellas son presentados, a través de distintos personajes, los conceptos e ideas platónicos.

Divididas por la tradición según la época en que fueron escritas (juventud, madurez y vejez), la mayoría cuenta con Sócrates como personaje principal. Solo la Apología de Sócrates, que expone la defensa de este ante el tribunal que lo condenó a muerte, no está escrita en forma de diálogo.
Vida de Platón
Platón nació en Atenas alrededor del año 428 a. C. y murió a la edad de 80 años, en la misma ciudad, en el 348 a. C. Hijo de Aristón y Perictíona, se crió junto a sus tres hermanos (Adimanto, Glaucón y Potone) y un medio hermano, Antifón, hijo de su madre y Pirilampo, un antiguo amigo de Pericles. Su familia venía de una clase acomodada y aristocrática, descendiente del antiguo rey Codro por parte de su madre, sobrina de Critias.

Platón fue originalmente llamado Aristocles, pero recibió el apodo de “Platón” por tener una contextura física grande. Según Diógenes Laercio, al apodo se lo dio su profesor de gimnasia y se traduce como “aquel que tiene anchas espaldas”.

Formado originalmente en las artes como la pintura, la poesía y el drama, antes de conocer a Sócrates Platón frecuentaba a Crátilo, filósofo que lo introdujo en las ideas del devenir heraclíteo. Aristóteles sostiene que la teoría de las ideas surge del cruce entre la imposibilidad heraclítea de conocer y la búsqueda socrática de una definición de las cosas.

A la edad de veinte años conoció a Sócrates. Desde ese momento, y hasta la muerte de su maestro, frecuentó constantemente su círculo, y se volvió discípulo y amigo cercano del pensador. La mayoría de las obras de Platón colocan a Sócrates como principal interlocutor, en el rol de maestro y guía de aquellos con quienes conversa, discute y frecuenta. Aun cuando se discute el nivel de fidelidad del Sócrates platónico (es decir, al Sócrates descrito por Platón) al Sócrates histórico, es innegable el hecho de que Platón fue quien más lo conoció y el mayor de sus discípulos.

Sócrates falleció en el 399 a. C. Platón tenía entonces 28 años y, tras la muerte de su maestro, viajó a Sicilia e Italia, donde entró en contacto con eleatas y pitagóricos, escuelas que lo habrían influenciado notablemente.

Luego de su viaje por Sicilia, y tras ser vendido como esclavo por el tirano Dionisio y rescatado por el cirenaico Aníceris, Platón regresó a Atenas y se instaló en las afueras, donde compró una finca y fundó la Academia. Esta funcionó como escuela y universidad tal como se estiló hasta la Edad Media, es decir, como centro de actividades académicas y religiosas, donde se celebraba culto a los dioses y se instruía a todo aquel que se acercara a formarse bajo su tutoría.

En la Academia y durante veinte años Platón tuvo como discípulo a Aristóteles, considerado su mejor y más disruptivo alumno.

Platón falleció en el 347 a. C., a la edad de 80 años, en la ciudad de Atenas, luego de dedicar los últimos años de su vida a la enseñanza y la formación de jóvenes pensadores, amigos y políticos.

Aportes de Platón

La teoría de las ideas

La teoría de las ideas o teoría de las formas es uno de los aportes a la filosofía más importantes hechos por Platón. A grandes rasgos, establece una distinción marcada entre lo percibido a través de los sentidos y lo que es posible conocer por medio del intelecto, que son las ideas o formas de las cosas. La palabra “idea” viene del griego eidos (εἶδος) y puede traducirse por “forma”, “aspecto”, “tipo” o “especie”, según quién la utilice.

La presentación más exhaustiva de esta teoría está en el Parménides, una de las obras platónicas consideradas del período de vejez. También aparece una explicación más accesible en la República, a través de la alegoría de la caverna. Sea en uno u otro, la distinción se realiza entre el mundo visible de los sentidos y el invisible o inteligible, donde habitan las ideas.

    • En el mundo visible están las cosas que conocemos por medio de los sentidos. Estas cosas son como imágenes o huellas de las formas o ideas de las cosas del mundo inteligible, que es inaccesible por medio de los sentidos. 
    • En el mundo inteligible están las ideas de las que los objetos sensibles son copias. Las ideas son el objeto de estudio de la dialéctica como ciencia suprema, y los objetos sensibles se les parecen porque, según Platón (y de un modo poco claro), “participan” de las ideas y se les asemejan de modo imperfecto, degradado.
Una de las mayores críticas hecha a la teoría de las ideas fue propuesta por el mismo Aristóteles, discípulo de Platón. Aristóteles sostuvo que, si bien es cierto que la esencia de las cosas, como su forma, es lo que las define, la forma no puede considerarse como algo independiente a las cosas. Para Aristóteles, la forma está inseparablemente unida a la materia, y junto a ella constituye la sustancia.

La alegoría de la caverna


El Mito de la caverna ejemplifica cómo funciona el mecanismo de acceso al conocimiento.
La alegoría de la caverna es una alegoría, es decir, una representación literaria simbólica cuya función es pedagógico-filosófica. Junto a la alegoría del carro alado, es la más importante en la historia de la filosofía. Relata la historia de ciertos prisioneros, que nacieron encadenados dentro de una caverna donde solo podían ver la pared de fondo, sobre la que se proyectaban las sombras del mundo real.

Platón introduce la alegoría de la caverna al principio del VII libro de la República para explicar la situación en la que se encuentra el humano en relación al conocimiento. En este texto se describe la forma en que se puede captar tanto el mundo sensible (a través de los sentidos) como también el mundo inteligible (a través del alma, ya que como ella, todo en el mundo inteligible es eterno e inmortal).

Según Platón, los prisioneros que habitan la cueva, encadenados desde su nacimiento, solo pueden ver las sombras que una fogata, escondida detrás de un muro, refleja contra el fondo de la caverna. Estas sombras se producen gracias a unos hombres que circulan por un pasillo portando distintos objetos. Los prisioneros, sin saber de dónde vienen las sombras, creen que son la verdad de las cosas.

Lo que sostiene la alegoría de la caverna es que si alguno de los prisioneros fuera liberado y volviera su vista hacia la luz de la hoguera, se enfrentaría a una realidad más perfecta, que es la causa de la realidad de las sombras. Una vez que haya sucedido esto, el prisionero podría escapar al exterior de la caverna, donde vería un mundo más perfecto, hasta verse obligado a ver directamente hacia el sol. Este, sin embargo, lo dejaría ciego si quisiera volver a la caverna y liberar a sus compañeros, quienes no harían otra cosa que burlarse de él y, según Platón, serían capaces hasta de matarlo (en una clara alusión a lo que le pasó a Sócrates).

Existen distintas interpretaciones sobre la alegoría. Platón mismo ofrece una hacia el final del libro VI y en el VII de la República. Las explicaciones posibles son epistemológicas (el conocer), ontológicas (respecto al ser), educativas y hasta políticas. Todavía hoy estas interpretaciones son fuente de discusión.

El dualismo platónico

El dualismo platónico es una forma de pensar el conjunto cuerpo y alma como separados. Lo característico en Platón es que este dualismo se extiende a una división del mundo entre lo perfecto y lo imperfecto. Si lo perfecto es aquello inmortal, imperecedero, eterno, inmutable y necesario, lo imperfecto es lo temporal, mudable y corruptible.

Esta partición del mundo da como resultado un mundo sensible y un mundo inteligible. El mundo sensible es el mundo imperfecto, formado por la materia, al que está sometido el cuerpo. Todas las cosas que existen en el mundo sensible están hechas a modo y semejanza de lo perfecto, representado por las formas en el mundo inteligible. Este se relaciona con el alma, y es el lugar donde habitan las cosas semejantes a ella: como el alma, las ideas son eternas, inmutables y necesarias.

De esta separación se desprende la idea platónica de que el cuerpo es cárcel del alma y que, tras el fin del cuerpo, el alma es libre y perfecta una vez más hasta volver a encarnar en un cuerpo distinto.

También se observan otras consecuencias o lecturas posibles respecto al dualismo, como sus implicancias en el conocimiento: según el dualismo platónico, la opinión (que es la forma del conocimiento sensible) se opone a la episteme (que es el conocimiento inteligible). A esta forma de pensar el conocimiento se la conoce como dualismo epistemológico.

También se puede ver cómo se desprenden rasgos aún más profundos del dualismo ontológico (el dualismo que explica la separación de la realidad en dos mundos), como el problema de la participación entre ambos mundos, o el problema del dualismo antropológico, por ejemplo, que piensa al ser el humano como un compuesto de cuerpo y alma y se pregunta cómo es esto posible.

Obra de Platón

Se supone que todas las obras de Platón se conservan hasta la actualidad. Todas ellas, excepto la Apología de Sócrates, están escritas en forma de diálogo. Más allá del tema o de la pregunta que compete a cada una, la mayoría de las obras plantean una explicitación del método socrático, mostrado a través de las conversaciones entre Sócrates y distintos interlocutores encarnados en personas de la época o pensadores famosos de aquel entonces.

Aunque algunos están basados en hechos reales, muchos de los diálogos platónicos son una ficción ensayada por Platón con el objetivo de dar el escenario necesario para exponer sus distintas tesis e ideas fundamentales. Narradas en forma de mitos o alegorías, estas ideas se relacionan con la inmortalidad del alma (expuesta en el Fedro), el mito de Eros (presentado en El Banquete) el ejemplo del esclavo y la reminiscencia (que aparece en el Menón), entre otros.

Si bien es cierto que estas obras son el conjunto de escritos publicados en vida, no deben considerarse las enseñanzas explícitas de Platón. Que se narren en forma de diálogo y a través del recurso del mito y la alegoría nos indica que, en todo caso, lo que allí encontramos es material a ser interpretado. Platón, además de publicar sus obras, enseñaba de manera oral en la Academia, por lo que se considera que hay una enseñanza escrita, que figura en los diálogos, y una enseñanza oral, que posiblemente estaba dedicada a la exégesis (o interpretación filosófica de todas sus ideas), reservada para aquellos que se consideraban sus alumnos.

Platón creía que el lenguaje escrito era solo una copia del lenguaje hablado, y que la voz era, para él, el acceso directo a la inteligencia y el conocimiento acumulados en el alma, que era inteligible. Esta tesis interpretativa se apoya en el Fedro, así como en otras obras de Platón, como la Carta VII, donde afirma que algunas cosas no se pueden expresar en palabras. No obstante, el hecho de que Platón abogara por una enseñanza oral no quita mérito ni prestigio filosófico a todas sus obras publicadas, un legado que nos llega al día de hoy.

Entre las obras más importantes de Platón encontramos:

  • La Apología de Sócrates. Es el único texto platónico que no está escrito en forma de diálogo, y presenta el juicio y la defensa de Sócrates antes de que sea condenado a tomar la cicuta.
  • Gorgias. Es un diálogo que presenta las ideas platónicas respecto a la retórica, la política y la justicia.
  • Menón. Es el texto en el que aparece por primera vez la enseñanza de la virtud y la idea del conocimiento como reminiscencia.
  • Fedón. Es un texto que trata sobre la inmortalidad del alma, tesis defendida por Sócrates antes de morir, ya en prisión.
  • El banquete. Es un texto en el que, durante un banquete o cena entre amigos, se discutea sobre qué es el amor, sus diferentes mitos y el ascenso erótico que propone Sócrates como camino a la belleza.
  • La República. Consiste en una reflexión sobre el concepto de justicia y cómo se expresa en el ser humano. Aparece también la famosa alegoría de la caverna, del sol, y otros mitos y metáforas.
  • Fedro. Este diálogo se centra en las ideas de amor, belleza y el destino del alma. Presenta la alegoría del carro alado para explicar la visión platónica del alma.
  • El Timeo. Es uno de los últimos diálogos escritos de Platón, donde expone cuestiones complejas en torno a la cosmología y la física, como la formación del universo y de los seres vivos.
Etapas del pensamiento de Platón según sus obras

El trabajo filosófico de Platón, a través de sus diálogos, se suele dividir en cuatro grandes períodos:

  • Período socrático (393-389 a. C.). En esta etapa, Platón difundió algunas de sus tesis basadas en las enseñanzas de Sócrates. En ellas aborda conceptos como la mentira, la piedad y la amistad. Algunas de sus obras publicadas durante este período fueron: Apología a Sócrates, Critón o El deber, Ion o De la poesía, Lisis o De la amistad, Cármides o De la Sabiduría y Protágoras o Los sofistas.
  • Período de transición (389-385 a. C.). En esta etapa, Platón fundó la Academia, que resultó clave para profundizar y desarrollar ciencias como la matemática y la astronomía. Abordó teorías basadas en las enseñanzas de Sócrates y de Pitágoras, y desarrolló conceptos propios acerca de la inmortalidad del alma, la virtud y el lenguaje. Algunas de sus obras publicadas durante este período fueron: Hipias mayor, Gorgias, Menéxenes y Menón.
  • Período de madurez (385-361 a. C.). En esta etapa, que fue su etapa más destacada, Platón desarrolló sus ideas en torno a la inmortalidad del alma, la Teoría de la reminiscencia (que afirmaba la existencia de ciertos conocimientos innatos en el ser humano), la Teoría de la dialéctica ascendente (que consistió en el perfeccionamiento de la mayéutica de Sócrates y contemplaba la relación causa-efecto de lo observado), el concepto del amor (que se opuso al “amor platónico”) y su filosofía política. Algunas de sus obras publicadas durante este período son: La República, Fedro, Fedón y El banquete.
  • Período de vejez (361-347 a. C.). Durante su vejez, Platón hizo una exhaustiva revisión de la Teoría de las ideas. Esta teoría postula una dualidad de la realidad entre el mundo sensible (lo que perciben los sentidos), y el mundo inteligible (lo que se puede comprender por medio del intelecto). Además, exploró conceptos relacionados con la naturaleza y la medicina. Algunas de sus obras publicadas durante este período fueron: Parménides, Teeteto, Sofista y El político.



ARISTOTELES

 


¿Quién fue Aristóteles?

Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) fue un filósofo griego que nació en Estagira y murió en la ciudad de Calcis. Discípulo de Platón y fundador del Liceo, es considerado uno de los más importantes pensadores de la humanidad. Sus ideas y reflexiones, recogidas en casi 200 tratados (de los que solo se conservan 31), influenciaron a la historia intelectual de Occidente por más de dos mil años.

Durante su vida cultivó una gran cantidad de intereses. Sus estudios comprenden la lógica, la política, la ética, la física, la biología, la retórica, la poética y la astronomía. En todas ellas jugó un papel innovador, incluso fundacional, ya que propuso los primeros estudios sistemáticos de cada materia.

Aristóteles fue discípulo de otros filósofos importantes de la época, como Platón y Eudoxo, durante los veinte años en que se formó en la Academia de Atenas. En esa misma ciudad fundó el Liceo, lugar donde enseñó a sus propios discípulos.

Luego de la caída de Alejandro de Macedonia (conocido como Alejandro Magno), discípulo suyo, Aristóteles se marchó a la ciudad de Calcis, donde murió.

Vida de Aristóteles

Aristóteles nació en la ciudad de Estagira en el año 384 a. C. Sus padres fueron Nicómaco, médico del rey Amintas III de Macedonia, y Festis, vinculada también a los asclepiadeos, quienes profesaban la medicina en la antigua Grecia. Ambos murieron cuando Aristóteles era muy joven y, a sus 17 años, quedó a cargo de Proxeno de Atarneo, su tutor, quien lo envió a estudiar a la Academia de Platón en Atenas.

El Estagirita (como se lo llama a Aristóteles, por su lugar de nacimiento) permaneció en la Academia durante veinte años, desde el 367 a. C. al 347 a. C. Allí conoció a Eudoxo, quien influyó notablemente en la decisión filosófica de Aristóteles de dar con un principio explicativo que mantuviese a las cosas tal como se mostraban en su aparición (a las que luego llamó phainomena, “fenómeno”). También se vinculó con Filipo de Opunte, Corisco, Espeusipo y Erasto, todos pensadores y estudiantes de Platón.

Se supone que en esta misma época participó de los Misterios Eleusinos, que eran unos ritos de iniciación anuales que se celebraban en Eleusis en honor a las diosas Deméter y Perséfone. Sobre ellos llegó a escribir que “la experiencia es aprender”, según se traduce su frase original, pathein mathein (παθείν μαθεĩν).

En 347 a. C., y coincidiendo con la muerte de Platón, Aristóteles dejó Atenas y se trasladó a Atarneo y Aso. De allí pasó a la isla de Lesbos y se casó con Pitias de Aso, sobrina del gobernador de Aso, Hermias. Con Pitias tuvo una hija a quien llamó Pitias, en honor a su madre. En 343 a. C. fue convocado a Pella, Macedonia, para enseñar a Alejandro Magno, de quien fue tutor por dos años.

Luego de pasar por el servicio militar, y tras ser tutor de Ptolomeo y Casandro (ambos futuros reyes), Aristóteles volvió a Atenas en el 335 a. C. Allí fundó el Liceo, que fue su propia escuela. Esta recibe su nombre por haber sido construida en un templo dedicado al dios Apolo Licio y, a diferencia de la Academia, era una escuela pública que incluso daba clases gratuitas. A los alumnos del Liceo se los conocía como “los peripatéticos”, término que viene del griego peripatētikós (περιπατητικός) y significa “itinerantes”, ya que tenían la costumbre de discutir caminando.

Durante la época del Liceo, Aristóteles escribió muchos diálogos y tratados. De estos, solo los tratados sobrevivieron, y se cree que la mayoría de ellos no estaban destinados al público. En esos años falleció su esposa, Pitias, y Aristóteles se juntó con Herpilis, una mujer de Estagira. Con Herpilis tuvo un hijo, Nicómaco, a quien dedicó su tratado de ética, Ética para Nicómaco. Este es considerado uno de los libros más importantes de ética como disciplina autónoma en toda su historia.

En el año 323 a. C. murió Alejandro Magno y, al ver que Atenas ya no recibía amablemente a los macedonios, Aristóteles decidió partir a Calcis, en la isla de Eubea. Murió al año siguiente, a los 61 años, según se cree por una enfermedad digestiva.

Pensamiento aristotélico

Como la mayoría de los pensadores de su época, Aristóteles hizo filosofía en un sentido amplio. Esto significa que se interesó por todas las ramas del conocimiento accesible por aquel entonces, e incluso inició investigaciones en muchos ámbitos.

Se suele clasificar su pensamiento según la distinción que él mismo hizo de las ciencias: el saber práctico, el saber productivo y el saber teórico o contemplativo:

Saber práctico

El saber práctico incluía la ética y la política. Sobre ambas disciplinas escribió distintas obras, aunque es cierto que su mayor contribución fue a la ética, rama a la que dedicó al menos tres escritos conocidos: Ética nicomáquea o Ética para Nicómaco, Ética eudemia y Magna moralia.

Aristóteles pensaba que la ética era un saber práctico orientado a una ética de las virtudes. Como tal, la ética debía enseñar a buscar la felicidad entendida como fin del hombre. Esto es así porque toda actividad humana tiende, según Aristóteles, a un bien. Como la felicidad (eudaimonía) es el bien supremo, se hablaba entonces de una ética eudemia o eudaemonista.

La política, por su parte, era un estudio sobre la forma en que las leyes y las costumbres se relacionaban en los casos de la vida cotidiana. Las ideas políticas de Aristóteles fueron recopiladas por el filósofo en su libro Política, principal obra en la que se encuentran sus doctrinas.

Saber productivo

El saber productivo estaba orientado a las artes, especialmente a la poética. De hecho, el texto estético aristotélico más importante se llama Poética. Este texto no se dedica a divagar sobre lo bello sino que trabaja y piensa a las artes materiales y concretas. A diferencia de la Retórica aristotélica, dedicada al arte de comunicar de forma convincente, la Poética investiga el arte de creación literaria.

Saber teórico

El saber teórico contemplaba la física, las matemáticas y la metafísica. Esta última es considerada como la filosofía primera, ya que presenta la teoría de los principios generales del pensamiento. Es, a la vez, una doctrina del ser en cuanto tal.

Algunas de las ideas principales de la metafísica aristotélica son:

  • Metafísica como filosofía primera. Esta idea sostiene que ninguna ciencia particular estudia universalmente lo que es, sino que cada una se dedica a una parte de la realidad concreta. La metafísica es la ciencia más general porque estudia al ser en cuanto ser.
  • El ser se dice de muchas maneras. Esta afirmación aristotélica enfatiza la idea de la polisemia del ser (que se diga “ser” en muchos sentidos). Ya sea “ser” como potencia, acto, sustancia o accidente, todas estas formas son válidas según el nivel y la línea de análisis.
  • La metafísica es teología. La metafísica como teología debe entenderse como el estudio de una figura hipotética, que cumple la función de ser el primer motor inmóvil del universo: lo que da principio e impulso vital a todas las cosas que existen.
Respecto a la física y las matemáticas, hay varios tratados aristotélicos que trabajan cada una de estas disciplinas. A grandes rasgos, se puede hablar de una filosofía natural que contempla el movimiento, la generación y la corrupción de las cosas, como también la negación del vacío y la idea del éter (todos los puntos del espacio están llenos de materia). Las matemáticas, por su parte, se entrecruzan con la lógica, aunque vale aclarar que esta última no era considerada por Aristóteles como un saber sustancial.

Obra de Aristóteles

Las obras de Aristóteles que sobrevivieron al paso del tiempo fueron ordenadas en el Corpus Aristotelicum por el filósofo Andrónico de Rodas. A la organización de Andrónico se la adaptó a la edición del filólogo clásico August Immanuel Bekker entre 1831 y 1870. Este corpus se divide en cinco grandes grupos:

Lógica u Órganon. En este grupo encontramos las siguientes obras:
  • Categorías (Categoriae)
  • De la interpretación (De interpretatione)
  • Primeros analíticos (Analytica priora)
  • Segundos analíticos (Analytica posteriora)
  • Tópicos (Topica)
  • Refutaciones sofísticas (De sophisticis elenchis)

Filosofía natural. En este grupo encontramos las siguientes obras:
  • Física (Physuca)
  • Sobre el cielo (De caelo)
  • Acerca de la generación y la corrupción (De generatione et corruptione)
  • Meteorología (Meteorologica)
  • Del alma (De anima)
  • Pequeños tratados sobre la naturaleza (Parva naturalia y otros escritos)

Metafísica. En este grupo encontramos la siguiente obra:
  • Metafísica (Metaphysica)

Ética y política. En este grupo encontramos las siguientes obras:
  • ´Ética nicomáquea o Ética para Nicómaco (Ethica Nicomachea)
  • Ética eudemia o Ética para Eudemo (Ethica Eudemia)
  • Política (Política)

Retórica y poética. En este grupo encontramos las siguientes obras:
  • Arte retórica o Retórica (Ars rhetorica)
  • Poética (Ars poetica)

Más allá de la clasificación de Andrómaco de Rodas, la obra de Aristóteles no tiene un orden claro. No hay una datación específica de cada uno de los tratados, a excepción de Eudemo, dedicado a un amigo que murió en 354 a. C., y Protréptico, dedicado a Temisón alrededor del año 315 a. C. No obstante, se propone como criterio general dividir la obra en tres grandes períodos que comprenden los siguientes años:

    • Primer período (368-348 a. C.). Época de la Academia.
    • Segundo período (348-335 a. C.). Época de abandono de la Academia y primeras ideas de pensamiento propio.
    • Tercer período (335-322 a. C.). Época del Liceo y de estudios empíricos.

Tanto la clasificación de Andrómaco como la dada por períodos cumplen una función meramente organizativa y, en todo caso, didáctica. Ninguna de estas obras cuenta con una fecha clara de publicación. Tampoco se sabe con exactitud si fueron escritas para ser leídas por un público general o si su uso se limitó (como se cree habitualmente) a la circulación interna dentro del Liceo. Todavía hoy se discute al respecto.



RAMAS DE LA FILOSOFÍA

 


¿Cuáles son las ramas de la filosofía?

Algunas de las ramas de la filosofía son la metafísica, la gnoseología, la lógica, la ética, la estética y la epistemología. 

La filosofía es una disciplina académica que trabaja con distintos problemas teórico-prácticos a través de la reflexión, el pensamiento crítico y la invención de conceptos. Las ramas de la filosofía son las formas que esta tiene de especializarse según el tema con el que trabaje. 

La metafísica, por ejemplo, se encarga de las preguntas por el sentido del ser, el mundo y la existencia de Dios. Sin embargo, muchas veces sucede que las preguntas se repiten en una rama u otra. Esto obliga a las distintas ramas a dialogar entre ellas. La pregunta por la existencia de Dios, por ejemplo, también se trabaja desde la teología.

Todas las ramas de la filosofía tienen sus filósofos representantes, que, al igual que sus preguntas de estudio, suelen compartir. Platón, por ejemplo, escribió sobre metafísica pero también sobre gnoseología, ética y estética.

Puntos clave

    • La filosofía, que trata de las preguntas más generales, se divide en ramas. 
    • Cada una de las ramas de la filosofía trabaja con distintas preguntas relacionadas entre sí, que le dan su particularidad. 
    • Algunas de las ramas más importantes son la metafísica, la gnoseología, la ética y la estética.

Metafísica

La metafísica trabaja con las preguntas que se relacionan al ser, el mundo, Dios, la realidad y la existencia. Es una de las ramas más antiguas de la filosofía y durante mucho tiempo fue la más importante, estudiada por casi todos los filósofos. 

Suele compartir muchas de sus preguntas con la teología. En el siglo XX surgieron dos grandes formas de hacer metafísica: la continental y la analítica. 

Representantes: Platón, Aristóteles, René Descartes, Immanuel Kant y Martin Heidegger.


Epistemología

La epistemología trabaja con el conocimiento pero desde un punto de vista distinto a la gnoseología, ya que se pregunta por su origen y la manera en la que se obtiene, independientemente del mundo. Trabaja sobre el conocimiento científico. 

Representantes: Rudolf Carnap, Otto Neurath y Carl Hempel.

Gnoseología

La gnoseología trabaja con las preguntas sobre cómo se dan el conocimiento y la experiencia del mundo. Es tan antigua como la metafísica y, por eso, suele ser difícil de definir. De ella se desprende, por ejemplo, la fenomenología. 

Representantes: David Hume, Edmund Husserl, Platón, Aristóteles, René Descartes y Immanuel Kant.

Lógica

La lógica estudia los procesos de pensamiento mediante los cuales pueden obtenerse conclusiones a partir de premisas. 

Representantes: Aristóteles, Bertrand Russel y Alfred Whitehead.


Ética

La ética trabaja con las preguntas éticas y morales, como las preguntas por la virtud, el deber o el bien. También se dedica a temas como la felicidad o los códigos de comportamiento humanos. En la actualidad la ética se estudia en tres dimensiones: metaética, ética normativa y ética aplicada. 

Representantes: Sócrates, Aristóteles y Emmanuel Lévinas.


Estética

La estética trabaja con las preguntas por la belleza y por qué es el arte, entre otras. A partir del siglo XVIII, la estética buscó el significado del arte, las obras y sus reglas de comportamiento, así como de lo estético. Durante el siglo XX se relacionó con otras disciplinas como la pintura, la poesía, la literatura, la música y el cine. 

Representantes: Immanuel Kant, Theodor Adorno y Walter Benjamin.

Filosofía política

La filosofía política se pregunta sobre las relaciones humanas en sociedad: el poder y sus estructuras, las formas de gobierno y el surgimiento de la sociedad, entre otras. Aunque algunos tratados políticos son tan antiguos como la filosofía, a partir de la filosofía moderna se volvió una disciplina autónoma. 

Representantes: Jean-Jacques Rousseau, Thomas Hobbes y G. W. F. Hegel.


Filosofía del lenguaje

La filosofía del lenguaje trabaja con el lenguaje como problema filosófico. Se pregunta qué es, cuál es su naturaleza, si tiene un origen y cómo se comporta. Además, estudia la relación entre el lenguaje, el pensamiento y el mundo, así como los límites del sentido. 

Representantes: F. L. G. Frege y Ludwig Wittgenstein.


Antropología filosófica

La antropología filosófica trabaja con las preguntas en torno al ser humano desde un punto de vista filosófico. Una de sus principales inquietudes es definir qué es lo que hace humanos a los seres humanos. Esta rama es una disciplina reciente, aunque se pueden encontrar varios antecedentes a lo largo de la historia de la filosofía. 

Representantes: Max Scheler y Martin Heidegger.


Filosofía de la mente

La filosofía de la mente trabaja con la mente, sus parámetros y cómo se dan los comportamientos mentales. Es una rama que se desempeña de manera interdisciplinaria con algunas ciencias duras, como la mecánica, la neurociencia o la física.

Representantes: René Descartes, Ludwig Wittgenstein y Franz Brentano.


Filosofía del derecho

La filosofía del derecho trabaja con la naturaleza de las leyes y de la justicia desde un punto de vista filosófico. Esta disciplina se codea con la filosofía política y la ética. 

Representantes: Friedrich Hegel y Immanuel Kant.

Filosofía de la animalidad

La filosofía de la animalidad trabaja con los estudios animales. Esta es una de las ramas más recientes y jóvenes de la filosofía. Busca pensar distintas formas no violentas para que el ser humano conviva con la diversidad natural no humana. 

Representantes: Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger y Jacques Derrida.



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