Eugenio Trías: la filosofía del límite
Considerado por muchos como el filósofo español más importante desde Ortega y Gasset, Eugenio Trías desarrolló durante las últimas décadas del siglo pasado y comienzos de este una filosofía radicalmente original. Al estilo de los grandes filósofos de nuestra tradición, el suyo es (¿casi?) un sistema filosófico que abarca las grandes dimensiones del ser humano: la ética, la estética, la metafísica... En este dosier, Javier Correa Román bucea en su propuesta filosófica.
Eugenio Trías recibió múltiples premios durante su larga carrera filosófica, como el Premio Anagrama de Ensayo, el Premio Nacional de Ensayo o, el más importante, el Premio Internacional Friedrich Nietzsche
«Lo que de mí quedará es, creo, sobre todo esto: un conjunto trabado y complejo de textos literarios, que como tales deberán leerse, ya que en ellos sobre todo resplandece una escritura y un estilo. Y una aventura singular, ambiciosa y muy peculiar, que se interna por los misterios más escondidos de nuestro mundo, y de la philosophia perennis, con la intención de lograr, a través de ese conjunto de singladuras que son mis obras, hallazgos en el ámbito del conocimiento».
«¿Cómo fue posible que [la música] llegara a adquirir una importancia tan grande, tan intensa y tan constante, hasta el punto de que jamás, en mí ya larga existencia, ha menguado nunca esa afición musical que ha sido siempre para mí una auténtica pasión, la mayor pasión quizás dentro del género de las pasiones íntima e intransferibles junto con la filosofía?».
«La verdadera filosofía es metafísica o, sencillamente, no es propiamente filosofía. Se orienta hacia el arcano como el helicóptero hacia el sol».
Algunas de las características de la filosofía de Eugenio Trías son: su belleza estilística, su coherencia, su búsqueda ontológica y su predilección por la estética
«Tengo la impresión de que el pensamiento occidental ha funcionado muchas veces por exclusión, como si la razón fuera una especie de pauta, que en todo caso no tenía que modificarse en función del material sobre el cual, de algún modo, se intentaba arrojar luz o iluminar. Es cierto que, en este sentido, es ejemplar la manera kantiana en que [Kant] introduce un componente de autocrítica muy importante a la razón, no sólo es crítica del juicio o crítica de la praxis o crítica del conocimiento, sino crítica de la propia razón y eso es lo que da tanta fuerza a la filosofía kantiana. Entonces, yo siempre he tenido una grande inclinación por una actitud de razón más flexible».
«Ya desde entonces marcaba mucho las distancias con un cierto racionalismo que me parecía improcedente. Pero no con ello quería decir, como a veces se interpretó al principio (en mis primeras publicaciones), que yo estaba abonando un irracionalismo. No, no era el caso, ni muchísimo menos. Lo que pasó es que no me satisfacía nada, ni la razón analítica ni la razón dialéctica, ni el marxismo de Lukács el viejo, ni la filosofía analítica como la teoría de la razón que entonces prevalecía, fundada en un entendimiento —a mi modo de ver— muy amputado y restrictivo de la ciencia».
El primer libro de Eugenio Trías, La filosofía y su sombra, de 1969, tiene como objetivo pensar los márgenes ocultos del pensamiento. La premisa es que la oscuridad es la condición de posibilidad y el límite de la luz: no es únicamente lo que limita el brillo, sino también lo que lo permite
Después de abordar lo impensado del pensamiento, Trías se propuso recorrer todas las sombras que los filósofos consideraban lo otro de la razón: las pasiones, la locura o lo siniestro
El límite no es únicamente lo que separa, sino que también une, permite, crea. Por ejemplo, el silencio es el límite del lenguaje, no puede sobrepasarlo, pero a la vez es su condición de posibilidad: sin silencio no habría lenguaje
«Pero ese ‘trasmundo’ no constituye un ‘error’ oscurantista, como creía Nietzsche, sino una referencia trágica imposible de soslayar sin la cual no se constituye la experiencia misma de la materia de inteligencia y pasión, sin la cual no hay trascendencia. Y sin trascendencia vacía, como la que aquí defiendo, no hay inmanentismo verdadero».
«Matriz y misterio son, de hecho, lo mismo, sólo que en dos modos de presentarse ante la razón fronteriza. La matriz constituye eso mismo, sólo que compareciendo en el inicio. El misterio recrea la matriz como aventura final de la razón fronteriza».
Las categorías que nos permiten abordar el cerco del aparecer, como aquello que delimita lo que cotidianamente conocemos como mundo, son las categorías de matriz, la de existencia, la limes y la de logos
«Recapitulemos: matriz, existencia, limes y lógos configuran el tetraedro categorial que hace posible la descripción filosófica del primero de los cercos, el cerco del aparecer. ¿Qué saldo ontológico se obtiene de esa operación discursiva? Una ontología trágica, pues en ella el ser se muestra afectado por una falta o ausencia, y la existencia se presenta como exilio y éxodo. Conocemos ya, por medio de la primera categoría (matriz), una de las dimensiones de esa herida, la del enigma de un origen que se sustrae, con la consiguiente brecha en el círculo de la inmanencia mundana, retrospectivamente referida a un fundamento inasequible».
«A diferencia de los ‘sistemas’ estructuralistas, que proceden de un binarismo explícito (Significante/Significado, etc.), el sistema que aquí presento procede de una filosofía que, en razón de su inspiración limítrofe, es por vocación ternaria. Mi filosofía del límite es, en este sentido, el desmentido radical a todo ‘binarismo’ (o a toda filosofía ‘dualista’). Y es que esa filosofía del límite piensa de verdad, y se propone conocer en toda su radicalidad, lo que ese misterioso signo de oposición y concordancia, la célebre ‘barra’ estructuralista, encierra».
«Entre la defectividad fisica y el exceso metafisico, entre la privación natural y la orgía sobrenatural, el hombre constituye siempre el Límite y la Frontera: límite y frontera entre naturaleza y mundo; límite y frontera entre el mundo y el arcano (meta-fisico)».
Al cerco del aparecer Trías suma otros dos cercos: el cerco hermético (cuyas categorías son el símbolo y la razón fronteriza) y el cerco limítrofe
«No es propio del orden estético, a diferencia del científico, la plena exhibición de la cosa, sino la alusión indirecta, metafórica o metonímica, a ella. El arte pertenece —y de ahí su estrecho parentesco con la religión— al reino del símbolo. En su fascinante reflexión sobre el simbolismo, Trías logra devolver la estética a su matriz ontológica, dado que el símbolo es unión (límite) de lo simbolizante (cerco del aparecer) y lo simbolizado (cerco hermético)».
Tradicionalmente se ha pensado la belleza oponiéndola a valores como lo siniestro. Según Trías lo siniestro no es lo contrario de la belleza, sino que es su condición misma. El motivo es que sin su referencia, es decir, cuando la belleza no refiere veladamente de una u otra forma a lo siniestro, entonces el efecto estético no se produce
«Bueno, aquí me importa mucho que, por un lado, se destaque el valor del conocimiento de la música, su fuerza intelectual, pero también su potencia emotiva. El símbolo para mí siempre tiene esta capacidad de aunar emoción y entendimiento. El símbolo es un instrumento de conocimiento, aunque sea de tipo hermenéutico interpretativo, pero el símbolo también provoca un tipo de sentimiento. Entonces, a mi consideración, la música está en la intersección entre lo que se ha llamado el mundus sensibilis y el mundus inteligibilis cuya conjugación es simbólica».
«Esto me obliga a rectificar el concepto de símbolo porque, como lo digo desde los primeros párrafos de mi libro, este siempre o casi siempre cabalga sobre imágenes o sobre el mundo de la imagen: quienes usan los símbolos siempre están entendiendo el símbolo con sustento icónico o de algo semejante; esto sucede desde Freud a Lacan, desde Mircea Eliade hasta Gilbert Durand, o el mismo Sartre que habla de un imaginario. A mí me interesa un símbolo en términos musicales que se adapta a las dimensiones del sonido en el sentido en que tenemos experiencia de él: no es casual que lo habitemos, incluso, cerrando los ojos».
«Y aunque puede darse también la conjunción entre música y drama o la conjunción de la música con la palabra, desde el principio lo peculiar de la música es lo que ella expresa, el diálogo, la forma y el sentido que expresa tanto intelectual como emotivo o de goce, y todo ello ¡lo hace sin palabras!».
La música es un campo privilegiado por Trías en el estudio filosófico. Sus metáforas permean sus escritos y los estudios sobre la música le permitieron a Trías salir de la hegemónica imagen como modo fundamental del símbolo