miércoles, 15 de octubre de 2025

EL TURISTA CONTEMPORÁNEO

El turista contemporáneo para Byung-Chul Han


La teoría cultural de Byung-Chul Han

Hiperculturalidad es el primer libro en el que Byung-Chul Han plantea una crítica a la sociedad del logro —o del rendimiento, como a veces se traduce el término Leistungsgesellschaft—. Parte de un enfoque filosófico que toma el problema de la cultura como base de lo que será la articulación de una crítica a la subjetividad neoliberal que domina las dimensiones internas de lo humano.

Haciendo una crítica a Hegel, el pensamiento de Han se inclina a pensar la importancia de los espacios, de la tierra, como punto central de lo que sería la relación social de los sujetos con el mundo que los rodea y con la cual hacen cultura: «Ante la comprensión histórico-genealógica, sorprende el énfasis de Hegel en el sentimiento hacia lo patrio […] Lo histórico no coincide, en apariencia, con la Historia, que produce lo propio, el lugar en sentido enfático», escribe Han. Con esto busca hacer un énfasis en cómo Hegel consigue crear una cartografía de la subjetividad, pero falla a la hora de desenvolver correctamente una relación completa con el mundo.

El inicio de la crítica haniana se centra en comprender la relación del sujeto con la tierra sobre la que está parado, no solo como un espacio de tránsito, que es como la ve el turista —figura que Byung-Chul Han critica—, sino como un lugar en el cual los individuos se arraigan de forma profunda con una historia que hace parte de su tradición y de su pasado en tanto pertenecientes a una realidad política, social y familiar.

Para Han, el turista contemporáneo es una figura que no comprende la cultura sobre la cual se arraigan los espacios como lugares de apertura hacia lo extraño y lo nuevo, sino que los ve como esferas de consumo de identidades que satisfacen el impulso contemporáneo de tener que surge en el marco del desarrollo de subjetividades capitalista.

Lo hipercultural es el resultado de esta dinámica. Emerge un sujeto que pierde su relación con la tierra y, desde ahí, no busca una relación con aquello que la compone, sino que se extiende sobre el mundo para poder capturar la mayor cantidad de vivencias culturales posibles. Por este motivo, ni lo inter, ni lo multi, ni lo trans cultural son suficientes para comprender este tipo de turista, es necesario lo hiper para referirse al impulso obsesivo por consumir culturas para poder generar una sensación de completitud en una sociedad que ha roto la relación de los individuos con sus propios espacios:

«Hipercultura significa, en cierto modo, más cultura. Así se vuelve genuinamente cultural, hipercultural. La cultura es desnaturalizada y liberada tanto de la ‘sangre’ como del como del «suelo», es decir, de los códigos biológicos y de la tierra (terran). La desnaturalización intensifica la culturalización. si el lugar construye facticidad de una cultura, la hiperculturalización significa entonces su desfactificación».

Para Han, el turista no comprende la cultura sobre la cual se arraigan los espacios como lugares de apertura hacia lo extraño y lo nuevo, sino que los ve como esferas de consumo de identidades que satisfacen el impulso de tener que surge en el marco del desarrollo de subjetividades capitalista

El turista y el vacío de identidad

La hiperculturalidad destruye el mundo en la medida que le quita su materialidad, esto es, su cualidad de ser sentido en su complejidad experiencial y dialéctica por parte de los sujetos. El mundo se convierte en un escaparate cultural para llenar el vacío de identidad que el sistema legitima al desgarrar las raíces de los sujetos con los lugares en los que viven.

Todos se sienten extraños en su propia tierra y buscan tener todas las culturas posibles para constituir su propia identidad, ignorando que terminan por dar lugar a formas consumibles, desfactificadas, de dichos lugares con los que interactúan.

Esta primera aproximación a la cultura hace posible discernir la aplicación que esta tiene dentro de la subjetividad humana: funciona como un puente en el cual el sujeto se ubica para poder relacionarse de distintas maneras con el mundo que lo rodea en tanto que tiempo-espacio histórico. La hipercultura está relacionada con la forma en la que el sujeto se identifica en un mundo acelerado donde predomina el consumo de vivencias. No obstante, para Han la cultura también se expresa en arte, y ahí es posible encontrar formaciones subjetivas singulares en las cuales el individuo puede colocarse en una posición discursiva para reconectar con el mundo que lo rodea.

De esta última idea se ocupa en Buen entretenimiento, su segundo escrito sobre la cultura. Aquí, para Han se vuelve importante comprender la función de cómo la cultura expresada como arte produce dichas formaciones en la subjetividad del sujeto que le permiten ser más que simples objetos de consumo del capital.

Esto es fundamental para lo que será su posterior crítica a la cultura en La desaparición de los rituales. Por el momento, baste decir que, para Han, la hipercultura, que es propia de un hipercapitalismo, promueve estructuras en el interior de los seres humanos que se fundan en el consumo como principal motor de la producción de prácticas y saberes. La sociedad del rendimiento promueve una cultura que se entiende como una ontología comercial; para Han es importante socavar dicha ontología para fundar otro tipo de ser, como lo indica en un ensayo que escribió para la Süddeutsche Zeitung:

«El Customer Lifetime Value (CLV) se refiere al valor que una persona representa para una empresa durante toda su vida como cliente. Este concepto tiene como base la intención de reducir a la persona en su totalidad, toda su vida, a valores puramente comerciales. El hipercapitalismo actual disuelve por completo la existencia humana en una red de relaciones comerciales. Hoy en día, no queda ningún ámbito de la vida que escape a la explotación comercial».

En Buen entretenimiento, Han intentará luego comprender que esta ontología comercial produce relaciones de entretenimiento con el mundo, haciendo que la cultura sea entendida bajo esta misma visión. Frente a esto, él propone la pasión como motor del arte que permite un enaltecimiento de lo bello del mundo.

El arte, en tanto que producto de una cultura, es el que da lugar a que el espíritu se vea tocado por el mundo desde otro tipo de sensación. Así, esta puede dar lugar a una transformación en la estructura subjetiva del sujeto. No obstante, Han toma la idea de que la ontología comercial está presente en toda dimensión de la vida y, por tanto, es imposible evitar el control del arte y la cultura por parte del entretenimiento.

La hipercultura, que es propia de un hipercapitalismo, promueve para Han estructuras en el interior de los seres humanos que se fundan en el consumo como principal motor de la producción de prácticas y saberes

El entretenimiento

Han propone la reconciliación entre la pasión y el entretenimiento en la sociedad del rendimiento, ya que esta funciona como una posibilidad de estar en contacto de forma distinta con la realidad; y no solo como una figura seca y ausente de raíces con el medio en que se habita, sino que funciona para movilizar fuerzas desde el espíritu humano hacia un cambio que se da en primer término en el sujeto. De ahí que sea así como cierre Buen entretenimiento:

«Al espíritu de la Pasión podrá parecerle que la totalización del entretenimiento es una decadencia. Pero en el fondo la Pasión y el entretenimiento están hermanados […] No es casualidad que el artista del hambre de Kafka como personaje de la Pasión y su animal hedonista, a pesar de su diferente comprensión del ser y de la libertad, habiten la misma jaula. Vienen a ser dos figuras que siempre se irán alternando en el mismo circo».

Somos pasión y entretenimiento en un solo circo, por lo que nuestra relación con la cultura y con el arte se da en esta tensión constitutiva. Aquello que Han reivindica es la visión del arte como una experiencia más próxima a lo religioso, a la experiencia de glorificación del alma y felicidad que produce lo sagrado. El entretenimiento es un residuo del ser atravesados por el rendimiento, pero la verdadera experiencia estética surge con lo sagrado de la pasión que da.

Por este mismo camino del arte como experiencia sagrada tiene lugar otro entendimiento de Han frente a la cultura, específicamente aquella cultura que se expresa en lo cotidiano. Dicho proceso filosófico es el resultado tanto de sus manuscritos sobre estudios culturales como aquellos dedicados a la crítica al capitalismo neoliberal contemporáneo.

Fuente: https://filco.es/



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