miércoles, 1 de octubre de 2025

FOUCAULT

 El pensamiento y la vida de Foucault, cuarenta años después


El 25 de junio de 1984 fallecía en París Michel Foucault, a los 57 años, tras una intensa vida como escritor, profesor, intelectual y militante. Lo enterraron en un pueblecito cerca de Poitiers, su ciudad natal. En una entrevista en Vermont en 1982 Foucault afirmaba: «No soy escritor, no soy filósofo, tampoco una gran figura de la vida intelectual: soy un profesor». Su epitafio parece hacerle justicia.

Grabado en su tumba puede leerse: Paul Michel Foucault. Profesor en el Collège de France, 1926-1984. Su funeral fue multitudinario, a él asistieron amigos como George Canquilhem, Paul Veyne, Jacques Derrida, Pierre Bourdieu, Yves Montand, Georges Dumézil o Gilles Deleuze, entre otros.

En 2024 se conmemoran los cuarenta años de su muerte y es un momento para hacer balance del impacto global de la vida de Foucault y su obra, como uno de los autores más citados en el ámbito de las humanidades. Algunas de sus líneas de investigación como la biopolítica, el análisis de la gubernamentalidad, la formación de las subjetividades o el poshumanismo han sido retomados y continuados por autores como Giorgo Agamben, Judith Butler, Nikolas Rose, Mitchell Dean, Graham Burchnell, Donna Haraway o Rosi Braidotti.

Estos y otros autores han llevado a Foucault más allá de sí, como era necesario, señalando los límites de su pensamiento. Así, por ejemplo, Silvia Federici puso el foco en la situación de las mujeres y los sujetos sometidos, Teresa de Laurentis acuñó el término de teoría queer para respaldar el movimiento previo, Bob Jessop desarrolló análisis de la estatalidad contemporánea y David Harvey trabajó en la cuestión de la igualdad social.

Aunque todos estos temas no fueron tratados por el profesor del Collège de France más que de manera tangencial, no es menos cierto que Foucault proporcionó herramientas para quienes vinieron después.

Reflexionar sobre la vida de Foucault y su obra tras cuarenta años de su muerte nos permite hacer balance del impacto de su obra. Muchas de sus líneas de investigación han sido continuados por la filosofía posterior

En el marco del Congreso Mundial Foucault: 40 años después y en torno a distintas sedes se celebran multitud de actividades destinadas a analizar las cuatro últimas décadas de la recepción de su obra y la repercusión actual de su pensamiento, pues, como afirma el filósofo español Antonio Campillo, la «herencia» intelectual de Michel Foucault ha tenido un gran impacto en los más alejados países del mundo, en los más diversos campos académicos y en diferentes movimientos sociales1.

Si excluimos sus archivos personales que fueron legados al que fuera su compañero de vida Daniel Defert y que, en 2014, fueron clasificados como «tesoro nacional» por el gobierno francés y adquiridos por la Bibliothèque Nationale de France (BNF), la «herencia» intelectual de Michel Foucault se compone de cuatro tipos de documentos:

Por un lado, tenemos los libros publicados en vida por Foucault, que van desde Enfermedad mental y personalidad, en 1954, hasta los volúmenes II y III de Historia de la sexualidad, que fueron publicados bajos los títulos de El uso de los placeres y La inquietud de sí el mismo año de su muerte, en 1984. Por otro lado, encontramos artículos, conferencias, seminarios, entrevistas, etc., que publicó él mismo, o autorizó a publicar, y que fueron reunidos de manera póstuma en cuatro volúmenes titulados Dits et écrits (1954-1988), y que vieron la luz en 1994.

Además de estos documentos, están los cursos que impartió en el Collège de France, entre 1970 y 1984. Un total de trece cursos que fueron publicados también de manera póstuma. Por último, contamos con las grabaciones sonoras de los cursos, emisiones radiofónicas, así como las entrevistas y los documentos relativos al Grupo de Información de Prisiones (GIP), que dieron lugar al «archivo» Foucault custodiado por el Centre Michel Foucault, constituido en 1986 y que se encuentra actualmente en el Institut de Mémoires de l’Édition Contemporaine (IMEC).

Todos estos materiales constituyen la «caja de herramientas» que Foucault puso a disposición de quienes vinieran después a continuar la actividad filosófica entendida como el «trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo».

Como afirma el filósofo Antonio Campillo, la «herencia» intelectual de Michel Foucault ha tenido un gran impacto en los más alejados países del mundo, en los más diversos campos académicos y en diferentes movimientos sociales

Formación y primeros textos en torno a la locura

La vida de Foucault comenzó en Poitiers (Francia) en 1926, en el seno de una familia de tradición médica. Recibió su formación secundaria en Poitiers, donde coincidió con niños españoles refugiados de la Guerra Civil (1936). Su formación se vio interrumpida por la invasión nazi de Francia, pero termina aprobando el examen de bachillerato y en 1945 se traslada a París para preparar su ingreso en la prestigiosa École Normale Supérieur (ENS).

Tras un intento fallido, en 1946 Foucault consigue ser aceptado en la ENS, donde estudió junto a otras grandes figuras como el sociólogo Pierre Bourdieu o el historiador Paul Veyne. Entre sus profesores, le marcaron especialmente el fenomenólogo Maurice Merleau-Ponty, Jean Hyppolite, traductor y especialista en Hegel, y Louis Althusser, marxista estructuralista. En 1948 obtiene su licenciatura de filosofía, y dos años más tarde, la de psicología.

Un dato poco conocido de la vida de Foucault es que empezó enseñando Psicología en la ENS entre 1950 y 1955. En 1952 obtuvo su especialización en psicopatología por el Instituto de Psicología de París y colaboró con el psiquiatra Jean Delay en el Hospital Sainte-Anne. En 1953 asistió, en esa misma institución, al «Seminario de los miércoles» de Jacques Lacan y visitó en Suiza al psiquiatra e iniciador del análisis existencial Ludwig Biswanger.

Su formación en psicología, psiquiatría, psicopatología y psicoanálisis será la base de su primera publicación: Enfermedad mental y personalidad (1954), donde combina su formación psicológica y filosófica para terminar preparando el terreno de sus investigaciones futuras sobre la configuración histórica de las experiencias de la locura.

Foucault se licenció de Filosofía y Psicología y empezó enseñando esta última entre 1950 y 1955. Su formación en este ámbito motivó sus primeras publicaciones como Enfermedad mental y personalidad, de 1954

La vida de Foucault entre 1955 y 1960 transcurre fuera de Francia, trabajando primero en la Universidad de Upsala (Suecia), luego en Varsovia (Polonia) como director del Centro Francés y en Hamburgo (Alemania) como director del Instituto Francés. En 1960 regresa a Francia donde es nombrado profesor de psicología en la Universidad de Clermont-Ferrand.

En 1961 defiende en la Sorbona su tesis doctoral: Historia de la Locura en la época clásica, bajo la dirección del historiador de las ciencias Georges Canguilhem, primera gran obra de Foucault, que será publicada ese mismo año. Además, como era habitual en la academia francesa, Foucault presentó también una tesis complementaria, dirigida, en este caso, por Jean Hyppolite, sobre la antropología de Kant. Un año después de la defensa de su tesis doctoral, pasa a enseñar Filosofía y ocupa el cargo de director del Departamento de Filosofía en la Facultad de Letras de Clermont-Ferrand.

En 1965 realiza su primer viaje a Brasil, durante la dictadura militar (1964-1985), para impartir un ciclo de conferencias en Sao Pablo. En 1966, Foucault publica Las palabras y las cosas, donde aplica el método arqueológico que había aplicado a la locura, pero esta vez sobre el campo más amplio de las formaciones históricas de pensamiento. Este libro le vale el apelativo de estructuralista del que él renegará. Entre 1966 y 1968 enseña filosofía como profesor invitado en la Universidad de Túnez. Allí es donde comienza su implicación militante.

Mayo del 68: el Foucault militante

El compromiso político de Foucault es de amplio espectro y conecta con muchos frentes sociales diferentes, ya que se enmarca en el contexto de politización de las luchas sectoriales de mayo del 68, aunque su implicación en el movimiento anticarcelario y de apoyo y defensa de los presos fue especialmente importante.

En mayo del 68, tuvieron lugar una serie de movilizaciones de distintos grupos sociales con reivindicaciones propias: las mujeres y la segunda ola del movimiento feminista, los jóvenes y el movimiento ecologista y antibelicista, los inmigrantes, las personas racializadas y las luchas antirracistas, los locos y el movimiento antipsiquiátrico, los presos y el movimiento anticarcelario, los homosexuales, las lesbianas y el movimiento LGTB, etc.

Estas movilizaciones confluyeron con una de las mayores huelgas generales de la década, que sacó de sus centros de trabajo a unos nueve millones de obreros. Los distintos grupos movilizados no proletarios representaban una «insurrección de los saberes sometidos» y ponían en cuestión la existencia de un único sujeto revolucionario identificado con la clase obrera o el proletariado, en terminología marxista.

Este cuestionamiento de un único y verdadero sujeto revolucionario concordaba a la perfección con la noción foucaultiana de «microfísica del poder», según la cual el poder no procedía de un centro, ya se tratase del soberano, del Estado o de un sujeto revolucionario. Según Foucault, el poder actúa desde sus extremos, a nivel local. Consecuentemente, a juicio del filósofo todas estas luchas concretas ofrecen una visión más acertada de lo que es el poder, pues lo muestran tal y como funciona, en el despliegue de una pluralidad de relaciones.

Mayo del 68 vino a confirmar las hipótesis de Foucault en torno a la «microfísica del poder», según las cuales el poder no procedía de un centro, ya se tratase del soberano, del Estado, o de un sujeto revolucionario; sino que actúa desde sus extremos, a nivel local

Hay que recordar que en mayo de 1968 Foucault no se encuentra en París, sino en Túnez impartiendo clase en la Universidad. Allí Foucault toma partido apoyando las revueltas de los estudiantes tunecinos, mediando entre estos y el gobierno aprovechando su estatuto de respetable ciudadano francés, llegando a esconder en su casa a estudiantes perseguidos.

A finales de 1968, Foucault vuelve a París, donde participa en la creación de la nueva Universidad de Vincennes, en la que ejerce como catedrático y director del Departamento de Filosofía entre 1968 y 1970. Durante todo 1969 tuvieron lugar una serie de huelgas, enfrentamientos con la policía y detenciones de estudiantes y profesores, entre ellas la del propio Foucault, que en 1970 abandona la Universidad de Vincennes para ocupar la cátedra de «Historia de los Sistemas de Pensamiento» del Collège de France.

Entre 1970 y 1973 se compromete estrechamente con los presos y la lucha anticarcelaria. De hecho, uno de sus primeros cursos en el Collège de France, Teoría e instituciones penales (1971-1972), se centra en la prisión como espacio de represión. Pero, sin duda, su mayor contribución fue la fundación de un Grupo de Información de Prisiones (GIP) en 1971, de la que formaron igualmente parte Pierre Vidal-Naquet, Gilles Deleuze, Daniel Defert o Jazques Donzelot.

El objetivo del GIP era dar visibilidad a las reivindicaciones de los presos y sus familias, criticar y denunciar el sistema judicial y penitenciario francés. El Grupo no pretendía representar a los presos, sino servir de plataforma desde la que estos fueran escuchados, para que sus luchas llegasen al espacio público y, de esa manera, ocupasen el espacio político del que se habían sido excluidos. El Grupo cumplió su cometido y poco a poco se fue disolviendo hasta desaparecer a finales de 1972, dejando a los propios presos y antiguos detenidos ejercer sus propias luchas.

El testigo fue retomado a finales de 1972 por el Comité de Acción de Prisioneros (CAP) formado por prisioneros y exdetenidos, como un movimiento anticarcelario que lucha, en primera persona, por los derechos de los presos. El CAP continuó su actividad hasta 1980 publicando una revista mensual con información sobre las prisiones y cartas de los propios prisioneros. Foucault continuará el contacto y el apoyo al grupo, por ejemplo, escribiendo el prefacio del libro De la prisión a la revuelta publicado por uno de los principales miembros del CAP, Serge Livrozet, en 1973.

Entre 1970 y 1973, la vida de Foucault pasa a ser de compromiso estrecho con los presos y la lucha anticarcelaria a través del Grupo de Información de Prisiones y, posteriormente, el Comité de Acción de Prisioneros

El GIP sirvió de modelo para otros grupos como el Grupo de Información de Asilos que luchaba contra el encierro psiquiátrico, o el Grupo de Información de la Salud que se oponía al abuso de poder de la autoridad médica. En 1973 Foucault se pronunció públicamente en defensa de los médicos abortistas del Grupo, así como en favor del derecho al aborto. También colaboró con el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (conviene recordar que la despenalización de las relaciones homosexuales no se produjo en Francia hasta 1982).

Otro de los frentes políticos con los que se comprometió Foucault fue la lucha contra el racismo y la represión policial de los inmigrantes árabes, denunciando públicamente la situación a raíz de dos asesinatos cometidos por la policía en el barrio de la Goutte d’Or.

A partir de mediados de los años 1970 Foucault se moviliza en contra de los regímenes autoritarios por la defensa de los derechos humanos, coincidiendo con una revisión de su «analítica del poder» que le permitió reconsiderar al Estado como un interlocutor válido frente al que exigir demandas de justicia en términos de derechos y garantías.

En 1975, en medio de fuertes protestas internacionales contra la dictadura franquista Foucault viaja a Madrid, junto a otra serie de intelectuales, entre los que se encontraban Costa-Gavras, Régis Debray, Jean Lacouture, el reverendo Ladouze, Claude Mauriac o Yves Montand, para leer una declaración contra la pena de muerte y denunciar en una conferencia de prensa la actuación de los tribunales de excepción franquistas por condenar a muerte a once militantes políticos.

Todos los integrantes del grupo son expulsados de Madrid y devueltos a Francia en el primer vuelo. No obstante, su acción por la abolición de la pena de muerte captará la atención internacional. En junio de 1977, con ocasión de una visita de Estado del primer ministro de la Unión Soviética a París, Foucault y otros intelectuales se reúnen con disidentes soviéticos para mostrar su solidaridad con las víctimas del totalitarismo de la URSS.

A partir de mediados de los años 1970 Foucault se moviliza contra los regímenes autoritarios por la defensa de los derechos humanos, coincidiendo con una revisión de su «analítica del poder» que le permitió reconsiderar al Estado como un interlocutor frente al que hacer exigencias

Últimos años de la vida de Foucault

En aquellos años, el compromiso político de Foucault se deja notar en los cursos impartidos en el Collège de France. En Seguridad, Territorio, Población (1978) intenta ofrecer un análisis no marxista del Estado, y presenta una historia alternativa de las prácticas de gobierno través de la noción de «gubernamentalidad», incluyendo el concepto de «gubernamentalidad de partido» que podría aplicarse al comunismo soviético.

En el curso de 1979, Nacimiento de la biopolítica, Foucault reintroduce el problema del Estado en sus análisis. Una de las formas de mostrar su solidaridad con la disidencia soviética en aquel momento es presentar el concepto mismo de «disidencia» como forma de resistencia frente al gobierno, entendida como la «lucha contra los procedimientos puestos en práctica para conducir a los otros». Toda disidencia o contraconducta es una forma de rebelarse frente a un poder de tipo «pastoral» destinado a gobernar la existencia cotidiana de los seres humanos.

Ese mismo año, Foucault toma la pluma en el periódico Le Monde para apoyar la sublevación de los iranís, como una forma de apostar por los procesos de subjetivación poscolonial. En el famoso y breve artículo «¿Es inútil sublevarse?» con el que abría el periódico el 12 de mayo podía leerse:

«Hay sublevación, es un hecho; y mediante ella es como la subjetividad (no la de los grandes hombres, sino la de cualquiera) se introduce en la historia y le da su soplo».


Hacia el final de su vida Foucault mostró su lado más humanitario comprometiéndose con Médicos del Mundo y Médicos Sin Fronteras para enrolarse en misiones humanitarias, que finalmente no podrá desempeñar, porque su enfermedad se lo impedirá.

Foucault murió de sida en 1984, a la edad de 57 años. Su enfermedad era nueva y apenas había sido identificada como Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida en 1981. Con ocasión de su muerte, su deudo y compañero Daniel Defert funda la asociación sin ánimo de lucro AIDES, una organización de base comunitaria dedicada a la lucha contra el sida y a la defensa de los derechos de las personas y comunidades afectadas por la enfermedad.

Su formación tanto en psiquiatría como en filosofía y compromiso político hicieron de la vida de Foucault un ancla a partir de la cual podemos entender muchos elementos de sus preocupaciones intelectuales y de su obra.




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