Corine Pelluchon: nueva Ilustración y ética de la consideración
En un contexto marcado por la crisis ecológica y el agotamiento del modelo de desarrollo moderno, el pensamiento de Corine Pelluchon se erige como una de las propuestas filosóficas más sólidas y originales del panorama contemporáneo.
Profesora en la Universidad Gustave-Eiffel de París, Corine Pelluchon ha desarrollado, a lo largo de más de una década, una obra centrada en la ética, la ecología, el animalismo y la política democrática, con el objetivo de repensar las condiciones de posibilidad de una vida humana justa en un mundo finito.
El pensamiento de Pelluchon no propone una ruptura radical con la tradición ilustrada, sino que apuesta por una reactualización crítica de la Ilustración, capaz de conservar sus ideales emancipadores sin reproducir los esquemas de dominación que han conducido al colapso ecosocial y la desigualdad global. Su proyecto filosófico culmina en la propuesta de una Ilustración radicalmente ecológica.
Diagnóstico de la modernidad: razón, dominación y destrucción
Uno de los puntos de partida del pensamiento de Pelluchon es un diagnóstico crítico de la modernidad. Junto con muchos pensadores, como Marina Garcés, Pelluchon desliga su crítica a la modernidad de la crítica a la Ilustración. Frente a ciertas lecturas simplificadoras, la autora rechaza identificar sin más la Ilustración del siglo XVIII con la lógica de explotación ilimitada de la naturaleza. A su juicio, esta deriva se consolida sobre todo a partir de la Revolución Industrial y alcanza su máxima expresión en los siglos XX y XXI, pero no está inserta en los ideales ilustrados.
El problema, por tanto, no es la razón en sí misma, sino su amputación. Este matiz es importante porque la separa de diferentes propuestas antirracionales, que proponen volver a sabidurías ancestrales acríticamente. En el pensamiento de Corine Pelluchon el problema está cuando la razón se reduce a racionalidad instrumental: un cálculo eficiente al servicio de fines que no cuestiona. En este sentido de crítica a la razón instrumental e introducción de otras racionalidades resuenan propuestas como la de Jorge Riechmann, que propone no un rechazo a la razón, sino el impulso de una razón ecológica.
Por otro lado, lo que ha ocurrido históricamente es que se ha producido una separación radical entre razón y naturaleza, dando lugar a un dualismo entre naturaleza y cultura que constituye, en el pensamiento Pelluchon, uno de los vicios estructurales de nuestra civilización. Esta lógica dualista sustenta una triple dominación: sobre los otros seres humanos, sobre la naturaleza externa y sobre nuestra propia naturaleza corporal y vulnerable.
Fenómenos tan dispares como los campos de concentración, la bomba atómica, la ganadería industrial o la extinción masiva de especies no deben equipararse moralmente, pero sí pueden comprenderse como manifestaciones de una misma lógica destructiva, basada en la cosificación de lo vivo, la obsesión por el control y la conversión de los fines en medios. La modernidad no ha sabido preservarnos de esta deriva porque no ha cuestionado suficientemente sus propios presupuestos antropocéntricos.
En el pensamiento de Corine Pelluchon el problema está cuando la razón se reduce a racionalidad instrumental: un cálculo eficiente al servicio de fines que no cuestiona
Fenomenología, corporeidad y condición terrenal
El marco filosófico desde el que se desarrolla el pensamiento de Corine Pelluchon es la fenomenología, especialmente en diálogo con autores como Merleau-Ponty y Lévinas. A partir de ella, construye una filosofía de la corporeidad que sitúa en el centro nuestra condición carnal, vulnerable y engendrada.
A partir de esta tradición fenomenológica, el pensamiento de Corine Pelluchon critica el dualismo moderno, que, como vimos, separa razón y naturaleza, sujeto y mundo, y que ha servido de base ontológica a los esquemas de dominación propios de la modernidad tardía. Frente a la imagen del sujeto soberano y autosuficiente, la fenomenología permite describir al ser humano como un ser encarnado, siempre ya situado en un mundo compartido y atravesado por relaciones de dependencia.
La centralidad del cuerpo es clave en el pensamiento de Corine Pelluchon. El cuerpo no es un mero objeto biológico, sino la condición de posibilidad de toda experiencia, lo que hace visible nuestra vulnerabilidad y nuestra ecodependencia respecto de otros seres humanos, los animales y los ecosistemas.
Esta ontología de la vulnerabilidad tiene consecuencias políticas: permite cuestionar los principios organizadores de la sociedad y fundamentar el paso del esquema de dominación al esquema de consideración, como veremos más adelante. La fenomenología se convierte así en una herramienta crítica para repensar la civilización desde el reconocimiento de nuestra condición corporal, finita y terrenal.
La Ilustración como «êthos»: continuidad crítica y renovación
Con este balance de la Ilustración, hay quienes optan por abandonar todo el legado ilustrado, pero el pensamiento de Corine Pelluchon defiende que la Ilustración no es un bloque homogéneo ni un proyecto cerrado, sino una actitud, un êthos caracterizado por la reflexión crítica sobre el presente y la apertura del futuro. Desde esta perspectiva, es posible y necesario prolongar su herencia, pero solo bajo ciertas condiciones.
En primer lugar, la nueva Ilustración debe integrar las críticas feministas, poscoloniales y posmodernas, que han desvelado el carácter hegemónico, eurocéntrico y excluyente de la Ilustración histórica. En segundo lugar, se deben cuestionar los fundamentos dualistas y antropocéntricos que han legitimado la dominación de lo vivo.
La Ilustración ecológica que propone el pensamiento de Corine Pelluchon conserva el proyecto emancipador y antijerárquico de la Ilustración clásica, pero lo reorienta hacia la preservación del mundo común. La ecología no aparece aquí como un añadido, sino como la traducción política y social de una reconciliación entre civilización y naturaleza.
La Ilustración ecológica que propone el pensamiento de Corine Pelluchon conserva el proyecto emancipador y antijerárquico de la Ilustración clásica, pero lo reorienta hacia la preservación del mundo común
Técnica, transhumanismo y antiIlustración
La reflexión sobre la técnica ocupa un lugar central en el pensamiento de Corine Pelluchon. La técnica es una condición constitutiva de la existencia humana, pero las tecnologías contemporáneas poseen un poder de transformación (y destrucción) sin precedentes. La bomba atómica o la digitalización masiva no solo afectan al presente, sino que comprometen el futuro del mundo común.
Inspirándose en Günther Anders, Pelluchon analiza la brecha prometeica entre lo que somos capaces de producir y lo que podemos representar y asumir moralmente. Esta desproporción genera indiferencia y anestesia moral frente a la destrucción masiva.
Desde esta perspectiva, el transhumanismo aparece como una forma contemporánea de antiIlustración. El transhumanismo vendría a ser un: corriente filosófico-política (aunque en algunas de sus variantes parece más bien un proyecto empresarial) que defiende el uso de las tecnologías avanzadas para superar las limitaciones biológicas del ser humano (enfermedad, envejecimiento, vulnerabilidad o muerte), promoviendo la mejora física y cognitiva del individuo y concibiendo el progreso humano como un proceso de optimización técnica potencialmente ilimitado.
El pensamiento de Corine Pelluchon sostiene que lejos de promover la igualdad y la emancipación, el transhumanismo propone una sociedad jerárquica basada en la mejora tecnológica de una élite, al tiempo que expresa un rechazo del cuerpo y de la condición humana. Frente a ello, defiende un humanismo de la vulnerabilidad, la diversidad y la alteridad.
Ecodependencia, vulnerabilidad y redefinición de la autonomía
Uno de los conceptos centrales del pensamiento de Corine Pelluchon es el de ecodependencia. Se trata de un concepto que tratar de poner en el centro nuestra dependencia material y vital respecto de los ecosistemas y de otros seres vivos. Esta no implica renunciar a la autonomía, sino repensarla a la luz de nuestra vulnerabilidad.
Pelluchon critica una concepción de la autonomía entendida como autosuficiencia o soberanía absoluta del sujeto. Frente a ella, propone una autonomía encarnada, situada y relacional, compatible con la conciencia de nuestra finitud y de nuestra pertenencia a un mundo más amplio que nosotros mismos.
Este replanteamiento tiene consecuencias normativas importantes: los derechos humanos deben completarse teniendo en cuenta el impacto de nuestros estilos de vida sobre otros seres vivos y sobre las generaciones futuras, y la noción de progreso debe desvincularse del dogma del crecimiento ilimitado.
Uno de los conceptos centrales del pensamiento de Corine Pelluchon es el de ecodependencia. Se trata de un concepto que tratar de poner en el centro nuestra dependencia material y vital respecto de los ecosistemas y de otros seres vivos
Salir del esquema de dominación para ir al esquema de consideración
Para explicar por qué resulta tan difícil transformar nuestras sociedades, el pensamiento de Corine Pelluchon introduce el concepto de «esquema». El esquema es el principio organizador de una civilización: un conjunto de representaciones conscientes e inconscientes que orientan nuestras decisiones políticas, económicas, tecnológicas y existenciales.
El esquema de dominación, que rige nuestras sociedades actuales, transforma todas las relaciones en relaciones bélicas. Estamos en guerra con la naturaleza, con el trabajo, con los otros y con nosotros mismos. La ecología se opone a este esquema y da lugar a un esquema de consideración. Una reflexión urgente en un contexto donde se desarrolla con todo el belicismo en diferentes vertientes.
La consideración implica ampliar la esfera de aquello que cuenta moralmente, integrando a los animales, los ecosistemas y las generaciones futuras. Supone también una vivencia de pertenencia al mundo común, más antiguo y más grande que el individuo. Este cambio de esquema no es teórico: implica a los afectos, los valores y las prácticas cotidianas, tanto individuales como colectivas.
Europa, democracia y transición ecológica
Europa ocupa un lugar en la reflexión de Pelluchon, tanto en su dimensión histórica como política. El destino de Europa está ligado al de la Ilustración y a su capacidad de autocrítica frente a los crímenes coloniales, las guerras y la inversión del progreso en regresión.
En algunas entrevistas, Pelluchon ha sostenido que la Unión Europea, sin embargo, ha visto desacreditado su proyecto por la globalización desigual, las políticas de austeridad y la falta de solidaridad. Para la autora, Europa necesita un nuevo télos y este no puede ser otro que la transición ecológica, para lo cual ella misma se ha puesto al frente de algunos proyectos europeos en este sentido.
Por su forma transnacional (nomos), su ética de la traducción y la hospitalidad (êthos) y su potencial para redefinir la paz más allá de la lógica de poder, Pelluchon cree que la Unión Europea podría encarnar un modelo alternativo de convivencia democrática, basado en la superación del esquema de dominación, aunque no problematiza el origen eminentemente colonial y de exclusión del concepto europeo, motivo por el cual este modelo alternativo dista mucho de ser una realidad presente o futura.
Esperanza, ética de la virtud y transformación subjetiva
Lejos del optimismo neoliberal, Pelluchon desarrolla una concepción exigente y laica de la esperanza, entendida como la capacidad de leer en el presente los presagios de una transformación posible, incluso en medio del caos. La esperanza surge cuando hemos perdido las ilusiones y aceptado la gravedad de la situación.
Este enfoque se vincula a una ética de la virtud, orientada no solo a lo que debemos hacer, sino a cómo podemos desear hacer el bien. La ética de la consideración se despliega como una actitud global que transforma progresivamente las motivaciones, los afectos y las prácticas.
La apuesta por la esperanza en el pensamiento de Corine Pelluchon es un ejercicio de resistencia en un presente donde las sensaciones preminentes son la ansiedad, el miedo y la tristeza ante un panorama que es cada vez menos esperanzador. La propuesta de Pelluchon se niega a resultar en una resignación ante la crisis ecosocial, la desigualdad y la barbarie del sistema; y nos invita a pensar más allá y poner la consideración hacia los demás en el centro.
Fuente: https://filco.es/
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