¿Somos únicos? ¿Cuánto de universal hay en cada uno de nosotros?
Para Zizek, en nuestro modelo universal capitalista, no hay modos de vida autónomos, solo existe una forma universal de vivir: somos individuos seriados.
El ser humano vive entre lo particular y lo universal, entre su propia biografía y su pertenencia al género humano. ¿Cuánto de universal hay en cada uno de nosotros? ¿Cuánto de únicos somos? He aquí el gran debate.
En algunos momentos históricos se ha negado incluso la individualidad. Veamos un ejemplo de ello en un pequeño de fragmento de la novela de George Orwell 1984. Se trata de una conversación entre Winston y O’Brien, su interrogador. Winston le pregunta:
«—¿Existe el Gran Hermano?
—Claro que existe. El Partido existe. El Gran Hermano es la encarnación del Partido.
—¿Existe en el mismo sentido en que yo existo?
—Tú no existes —dijo O’Brien.»
¿Y al revés? ¿Podríamos negar igualmente la existencia de la universalidad? ¿Existe la pura universalidad neutral? La afirmación nominalista dice que no, que cada universalidad siempre se encarna en cosas concretas, no existe fuera de lo particular.
Pero hoy, bajo el modelo universal capitalista, no podemos sostener las teorías nominalistas. En nuestra sociedad no hay modos de vida autónomos, no hay existencias históricas diferentes, solo existe una forma universal de vivir: somos individuos seriados.
En contraste con las políticas de identidad que se centran en cómo cada grupo —étnico, religioso, sexual— debería ser capaz de reafirmar su identidad particular, la tarea que resulta mucho más compleja y radical es dotar a cada grupo de acceso total a la universalidad.
Del individuo anulado en 1984 a la homogeneización capitalista, que produce sujetos seriados. Frente a las identidades fragmentadas, debemos plantearnos cómo conquistar una universalidad accesible para todos
Este acceso a la universalidad no significa el reconocimiento vacío de que uno mismo es también parte del género humano, ni la reafirmación vacua de algunos valores ideológicos que se consideran universales. El acceso a la universalidad significa reconocer que la propia identidad nunca se cierra y nunca está completamente dada, sino que funciona a través de fracturas, como el «trabajo de lo negativo» que mina cada identidad particular.
O, como dice Susan Buck-Morss, profesora de Filosofía Política y Teoría Social en la Cornell University, en su libro Hegel, Haiti y la historia universal: «La humanidad universal es visible en los bordes». O en otra cita del mismo libro:
«En lugar de otorgar cuotas iguales a culturas múltiples y distintas [… ], la universalidad humana se descubre en el punto de ruptura de un evento histórico. Es en las discontinuidades de la historia cuando las personas cuyas culturas han sido forzadas hasta el punto de quiebre que de pronto comprenden que su existencia personal no es idéntica a las colectividades culturales, y logran así expresar una humanidad que va más allá de los límites culturales. Y es en nuestra identificación empática con este estado vulnerable, libre y precario cuando tenemos una oportunidad de comprender lo que ellos dicen».
Buck-Morss nos da un argumento preciso sobre el discurso posmoderno de la identidad: enmascara la igualdad subyacente de la violencia brutal representada por las diversas culturas y regímenes. Y, otra vez, en Hegel, Haiti y la historia universal:
«¿Podemos quedar satisfechos al hacer un llamado por el reconocimiento de ‘modernidades múltiples’, con una política de ‘diversalidad’ o ‘multiversidad’, cuando de hecho las consecuencias inhumanas de estas multiplicidades a menudo son sorprendentemente las mismas?».
En la línea del discurso posmoderno, el grupo de arte esloveno NSK actualizó la idea ingeniosa de estado virtual: el estado NSK era un estado sin territorio que existía solo en el tiempo, pero funcionaba dotando a los ciudadanos con un pasaporte que se podría comprar (barato).
La humanidad se manifiesta en los bordes —en las fracturas históricas donde las culturas son llevadas al límite y aparece algo común más allá de la pertenencia colectiva—, como señala Buck-Morss
La posibilidad de este estado virtual, sin territorio, se abrió como otra posibilidad más frente a los estados reales. Sin embargo, a pesar de que el estado NSK se fundó bajo unos principios autoritarios extremadamente dogmáticos, su estado virtual quedó inmediatamente cancelado por la realidad social de estos principios.
Sobre el autor
Slavoj Zizek (Liubliana, Eslovenia, 1949). Doctor en Filosofía por la Universidad de Liubliana y la Universidad de París VIII. Director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities de la Universidad de Londres y profesor de Filosofía y Psicoanálisis en la European Graduate School. Miembro fundador de la Escuela de Psicoanálisis de Liubliana. Ha publicado más de 70 libros en múltiples idiomas, Entre los más recientes, Ateísmo cristiano: cómo ser un verdadero materialista (2024), Demasiado tarde para despertar (2024), El cielo en desorden (2025) y Pandemia: la covid-19 estremece al mundo (2020). Su trabajo combina el idealismo alemán, el psicoanálisis lacaniano y el materialismo dialéctico para analizar la ideología contemporánea, la cultura popular y los fenómenos políticos actuales..
Fuente: https://filco.es/
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