Rosi Braidotti: el sujeto nómada en el poshumanismo
Es una de las figuras clave del pensamiento actual. Rosi Braidotti, filósofa poshumanista y feminista, ha construido su propuesta teórica tratando de pensar qué tipo de subjetividad se construye en un mundo marcado por la globalización, la tecnología y la crisis ecosocial.
Pese a ser considerada una de las seguidoras de la filósofa Donna Haraway, su propuesta es original. Aborda el pensamiento de autores como Gilles Deleuze, Félix Guattari y Michel Foucault para desarrollar una filosofía que supere el humanismo clásico y construir nuevas coordenadas para el pensamiento filosófico en un contexto en el que ninguna respuesta puede ser ya la definitiva.
La superación del humanismo clásico
Uno de los puntos de partida del pensamiento de Braidotti es la crítica al humanismo moderno. Este es un elemento en común que comparte con Donna Haraway y que las hace caer a menudo bajo la etiqueta de «pensadoras poshumanistas». El poshumanismo, para ellas, no es un mero rechazo al humanismo, sino una superación de él en positivo.
El humanismo, heredado del Renacimiento y la Ilustración, construyó un ideal de «hombre universal» que pretendía representar a toda la humanidad. Desde este ideal se podían pensar la ética, la condición humana y la relación con el mundo.
El pensamiento poshumanista plantea que, en realidad, en el humanismo las cartas estaban marcadas de antemano: se trató de hacer pasar por universal aquello que solo era masculino, blanco, europeo, heterosexual y racional. El sujeto definido por estas características pretendía erigirse como medida de todas las cosas, subyugando, por el camino, al resto de sujetos.
Braidotti critica que el humanismo clásico excluyó a muchos seres de la definición de humanidad: a las mujeres, los pueblos colonizados, las personas no blancas, aquellas que tienen algún tipo de discapacidad o diversidad funcional… También excluía de las comunidades morales a los animales y otros seres vivos. Donna Haraway, primatóloga de formación, se había preguntado previamente por qué no podíamos considerar a los grandes simios (con características cognitivas semejantes a las de los humanos) como «sujetos» o personas y cuestionaba la arbitrariedad de las decisiones tomadas en este sentido.
El humanismo clásico no se trató de una posición teórica sin más. Condicionó todo tipo de decisiones políticas que marginalizaron a los grupos que no ostentaban el poder. También construyó toda una serie de relatos científicos e ideológicos que contribuyeron a asentar los sesgos previos y a oprimir a multitud de sujetos. Esta concepción, plantea Braidotti, no resulta sostenible en un mundo contemporáneo marcado, todavía más que antes, por la globalización, las migraciones, los movimientos sociales y la revolución tecnológica, que ponen en crisis la idea de un sujeto humano estable, coherente y universal. Frente a ello, plantea, ha de abrirse paso la pluralidad.
El humanismo, heredado del Renacimiento y la Ilustración, construyó un ideal de «hombre universal» que pretendía representar a toda la humanidad. Desde este ideal se podían pensar la ética, la condición humana y la relación con el mundo
¿Qué significa ser poshumanista?
Es desde esta crítica desde donde emerge su propuesta teórica: el poshumanismo. Braidotti plantea esta perspectiva en multitud de libros, pero sin duda su obra clave es Lo posthumano. Para el poshumanismo los seres humanos no han desaparecido, ni han sido reemplazados por «las máquinas», como podría plantearse con una lectura poco cuidadosa de las hipótesis cíborg de Donna Haraway. Más bien se refiere a un cambio en la forma de entender qué significa ser un individuo y relacionarse entre nosotros, con la tecnología, con el resto de animales y con el entorno planetario.
El poshumanismo cuestiona la idea de que los humanos ocupen una posición superior o separada del resto de la vida. Para Braidotti, la modernidad estableció una división rígida entre naturaleza y cultura, donde el segundo polo era el único relevante para nosotros. También lo hizo con la dualidad cuerpo-mente, animal-humano e, incluso, humano-máquina.
Estas divisiones, que han sido fundamentales para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, han contribuido, dice, a formas de dominación y explotación. En concreto, el dominio de la racionalidad sobre el cuerpo y sobre el resto de cosas —y su asociación al polo masculino de la dualidad hombre-mujer— ha contribuido a relegar a las mujeres a una posición de subordinación epistemológica. En esta posición, su conocimiento siempre era de inferior calidad y merecedor de menos atención que el de los hombres, que por sus características «naturales» tienden más a la verdad y la razón. Braidotti cuestiona, desde una óptica feminista, todo este entramado ideológico.
El poshumanismo de Braidotti propone pensar al ser humano como parte de una red compleja de relaciones biológicas, tecnológicas y ecológicas. Los seres humanos no serían, así, entidades aisladas, sino nodos dentro de unos sistemas más amplios que incluyen animales, máquinas, ecosistemas y flujos e información.
Imaginemos aquí una intensa red neuronal de la que todos tenemos una imagen de las neuronas rodeadas por un vacío en el cual encontramos nexos de unión. Cada neurona por sí sola no hace pensamiento. Es solo un nodo, del mismo modo que plantea Braidotti que lo somos nosotros y nosotras, que solo operando conjuntamente adquiere un sentido.
O, incluso, pensemos en una galaxia, donde los planetas, estrellas y demás cuerpos celestes pueden entenderse (y se entienden así a menudo por la física) como puntos de concentración de densidad. La física tiene enormes problemas para explicar de qué están hechas enormes extensiones de universo donde no parece haber nada. A eso es a lo que los físicos denominan «materia oscura». Desde ese punto de vista, las galaxias y los cuerpos celestes son nodos; o momentos definidos porque allí está ocurriendo algo, más que por su composición material. Pensemos en los nodos de Braidotti de este modo.
El poshumanismo de Braidotti propone pensar al ser humano como parte de una red compleja de relaciones biológicas, tecnológicas y ecológicas
El sujeto nómada
Como vimos, el pensamiento de Braidotti se opone rabiosamente a todo esencialismo. En este sentido es que la autora habla de «sujeto nómada» para referirse a un nuevo tipo de individuo que emerge de esa crítica al humanismo.
El sujeto nómada es una subjetividad en constante transformación. Su identidad no es algo dado de una vez y para siempre, sino como un proceso dinámico que se construye a través de múltiples relaciones sociales, culturales y materiales. El sujeto nómada puede desplazarse entre diferentes posiciones, perspectivas y experiencias, lo que constituye, para Braidotti, la vida de cualquier individuo.
Para Braidotti esta idea del nomadismo en la identidad es particularmente relevante en las reflexiones en torno al género, porque permite superar la idea de una identidad femenina única o esencial. En lugar de hablar de «la mujer» como categoría homogénea, en su libro Feminismo posthumano Braidotti propone reconocer la identidad desde la diversidad de experiencias y posiciones que atraviesan los sujetos oprimidos por el patriarcado. Por ese motivo a las mujeres les afectan de manera diferente cuestiones étnicas, la clase social, la orientación sexual o la cultura.
Una perspectiva profundamente ética
¿Qué hacer, por tanto, en un contexto en el que prima la opresión y la explotación? Braidotti trata de enfocar su pensamiento ético por la positiva, no solo como denuncia de las formas de poder y dominación. Su ética zoecentrada (centrada en la vida, naturaleza o, en griego, zoe) es una propuesta que trata de identificar el potencial de las alianzas entre diferentes sujetos.
Braidotti propone que es necesario replantear la relación entre humanos y animales. Aunque durante siglos la filosofía ha definido al ser humano en oposición a los animales no humanos, atribuyéndole capacidades como la razón, el lenguaje o la moralidad, los avances en biología, etología y neurociencias muestran que muchas de esas capacidades también están presentes en otras especies.
Braidotti utiliza esos desarrollos científicos para cuestionar la jerarquía tradicional entre humanos y animales. Pero también analiza la creciente integración entre los seres humanos y las tecnologías. Los dispositivos digitales y la biotecnología están transformando la experiencia del cuerpo y de la identidad.
Aunque las tecnologías contemporáneas tienen un enorme potencial transformador, Braidotti es crítica con la forma en que estas tecnologías están integradas en el capitalismo. La biotecnología, por ejemplo, ha abierto posibilidades extraordinarias en campos como la medicina y la agricultura. Sin embargo, también ha generado nuevas formas de explotación y control. Las corporaciones pueden patentar semillas, manipular genéticamente organismos y controlar recursos biológicos fundamentales.
Perspectiva ecosocial
El pensamiento de Braidotti también tiene una dimensión ecológica importante. Para ella, la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental han puesto en evidencia los límites del modelo de desarrollo del capitalismo industrial.
Braidotti propone una ética que reconozca la interdependencia y ecodependencia entre todas las formas de vida. Esto implica superar la idea de que la naturaleza es un recurso pasivo destinado a ser explotado por los humanos para verlo como un paciente moral de los agentes morales que somos nosotros.
En un contexto marcado por crisis múltiples (económicas, ecológicas, sociales) plantea que es fácil caer en discursos pesimistas o fatalistas. Braidotti, sin embargo, insiste en la necesidad de cultivar una imaginación crítica que permita pensar otras formas de convivencia. Esto implica desarrollar nuevas narrativas sobre lo humano, lo tecnológico y lo ecológico. También supone construir alianzas entre los distintos sujetos que sufren la opresión. Y esta es la clave política de su pensamiento.
Fuente: https://filco.es/
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