martes, 2 de junio de 2026

LENGUAJE

Chomsky: la diferencia entre lengua y lenguaje

¿Qué separa el castellano del aymara del kikongo? Según Chomsky, poco, porque todos son variantes históricas de una misma capacidad biológica. El lingüista estadounidense lleva décadas sosteniendo que, bajo la diversidad de lenguas del mundo, hay un único lenguaje, común a toda la especie.

Fotografía de Noam Chomsky de Luis Astudillo C. para la Cancillería del Ecuador, Boston, 29 abril 2015. Publicada en Wikimedia Commons bajo licencia CC BY-SA 2.0. 

Supongamos que una niña recién nacida es abducida por extraterrestres y llevada al Planeta X donde la niña crece expuesta a Xés, la lengua de sus abductores. ¿Aprenderá la niña Xés? Depende. La niña aprenderá Xés solo si el lenguaje de sus abductores no es radicalmente distinto del suyo. Noten que ahora he empleado el término lenguaje y no lengua. Esta diferencia entre lo que es un lenguaje y lo que es una lengua es una de las puertas de entrada a la teoría lingüística de Noam Chomsky.

Una lengua (el castellano, el aymara, el kikongo…) es un objeto histórico construido por los seres humanos en base a los hábitos, usos, convenciones de sus usuarios; en base a autoridades (como la Real Academia) que fijan (o tratan de fijar) reglas y gramática para que sus hablantes hagan un uso apropiado de la lengua (apropiado a cierto fin). Autoridades que fijan diccionarios que tratan de delimitar el número y los significados de las palabras de la lengua. Es también el resultado de ciertos fines, ideológicamente diseñados, al servicio de los cuales ella se concibe, por ejemplo, el fin de la comunicación o el fin de «hacer sentido» cuando se la usa.

Como todo buen objeto histórico, la lengua cambia con el tiempo. Hay cosas que se decían hace mil años que ya no se dicen. Por ejemplo, uno de los primeros textos poéticos de la lengua castellana lleva por título una construcción que ya no existe, El mío Cid. Hoy no podemos insertar un posesivo entre un determinante y un sustantivo, no decimos «el mío libro». Todo eso es una lengua, un objeto histórico que cambia con el tiempo y con las múltiples circunstancias de sus usuarios.

Un lenguaje es otra cosa. Un lenguaje es un objeto biológico que no fue construido, ni inventado, ni fabricado por los seres humanos, en todo caso no más que un riñón o una nariz. Como objeto biológico es parte de la dotación genética de la especie (sapiens). El lenguaje no está estructurado en base a hábitos ni academias: hay academias de la lengua, pero no hay academias del lenguaje, no hay autoridades del lenguaje. El lenguaje no cambia, en todo caso muta, en un sentido estrictamente biológico. Aristóteles, que hablaba griego en el siglo IV a. C., tenía el mismo lenguaje que tenemos nosotros, aunque una lengua distinta.
Hay varias lenguas, entonces, pero un solo lenguaje.

El programa chomskiano es un intento de separar lenguaje de lengua y de tratar de averiguar qué hay en el lenguaje, es decir, tratar de averiguar cómo contribuye la biología a las lenguas que hablamos.

    Hay academias de la lengua, pero no hay academias del lenguaje. El lenguaje no cambia. En todo caso, muta


¿Qué hay en el lenguaje, entonces? La respuesta de Chomsky es que esencialmente hay instrucciones para el ensamblaje de unidades lingüísticas, dispositivos de articulación, esqueletos de organización formal, lo que simplificando podemos llamar sintaxis. Por ejemplo, si tenemos dos palabras, ¿cómo las juntamos? ¿Y si tenemos tres? El responsable parece ser un mecanismo biológico cuya representación lingüística se denomina fusión (merge). Esta sintaxis abstracta delimita la forma y las posibilidades expresivas de todas las lenguas históricas humanas y es la misma para todo sapiens.

¿Qué permite el lenguaje? Por ejemplo, hacer preguntas. Ningún otro, así comúnmente llamado «lenguaje», puede hacer preguntas: ni la pintura, ni la música, ni el ajedrez, ni el fútbol, ni el feng shui… pueden hacer preguntas. Y ningún otro, así comúnmente llamado «lenguaje» animal, puede hacer preguntas: ni los perros, ni las abejas, ni las ballenas, ni los osos polares… pueden hacer preguntas. Preguntar es algo íntimamente humano y la posibilidad misma de preguntar es un producto de esa capacidad genética que llamamos lenguaje (no de las lenguas).

Los límites formales a la expresión humana que el lenguaje establece no son los mismos que los límites establecidos por las lenguas particulares. Los límites de las lenguas particulares giran alrededor de la necesidad semántica de decir algo y de la comunicación. El lenguaje es indiferente a estos límites, los ignora. Al lenguaje no le importa si nos comunicamos o no.

¿Y la niña abducida? Ella solo aprenderá la lengua Xés si el lenguaje de sus abductores es el mismo que el suyo (o al menos, si no es radicalmente distinto). Aprender una lengua es algo muy distinto a heredar un lenguaje.

Fuente: https://filco.es/ 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario