¿Qué es la desobediencia civil para Thoreau?
¿Qué hacer cuando las leyes no son justas? ¿Es legítimo desobedecer? Estas son las preguntas que se formuló el escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau en su libro «Desobediencia civil».
Thoreau escribió su Ensayo sobre la resistencia al gobierno civil, más conocido como Desobediencia civil (1849), en los Estados Unidos de mediados del siglo XIX. En este momento se trataba de un país en plena expansión territorial, atravesado por la contradicción entre su retórica de libertad republicana y la persistencia de la esclavitud.
Pocos años antes de la publicación del texto, Estados Unidos había entrado en guerra contra México (entre 1846 y 1848). Esto fue interpretado por Thoreau como una agresión imperial y expansionista, como una guerra justa. Por eso, el escritor comienza a cuestionar que la democracia estadounidense sea el sistema perfecto que trata de venderse: aunque existen instituciones, elecciones y una constitución, todo ello convive con la esclavización de una parte de la población y la invasión de otros países.
¿Cuál era el objetivo de Thoreau al escribir este texto? Podríamos decir que se trata de instalar un cierto espíritu de rebeldía. Thoreau se opone a la obediencia pasiva de los ciudadanos que, aunque estén formalmente en contra de la esclavitud o la guerra, siguen pagando, votando, trabajando y viviendo como si nada. Por eso, es una obra que sigue siendo reivindicada hoy para pensar otras tensiones contemporáneas. Por ejemplo, ¿cómo podemos ver genocidios en directo y seguir como si nada? La respuesta de Thoreau es la siguiente: no podemos, debemos desobedecer.
Que los honrados se subleven
«Miéntenos y te mentiremos. Espíanos y te espiaremos. Envenénanos y te envenenaremos».
Fragmento de diálogo de la película The East (2013)
Aunque en esta ocasión nos concentremos en la desobediencia civil como concepto, demos un poco de contexto sobre Thoreau. Había nacido en Concord, Massachusetts, en 1817. Había sido un naturalista reconocido, vinculado al pensamiento trascendentalista de Ralph Waldo Emerson. Esta corriente venía a defender una fuerte autonomía moral de los individuos y la confianza en su propia conciencia frente a las convenciones sociales.
Es decir, que ese punto de vista individual(ista) estaba ya en el pensamiento de Thoreau antes de la guerra con México. Precisamente esta convicción es la que le lleva a vivir algo más de dos años en una cabaña junto al lago Walden, donde trató de llevar una existencia aislada y sencilla, alejada de la lógica mercantil.
Su pensamiento sobre la desobediencia civil no se basó en principios abstractos, sino que más bien fue una formulación político-filosófica de un estilo de vida que Thoreau ya estaba practicando: se negó a pagar el impuesto de empadronamiento porque, decía, no quería sostener económicamente un Estado implicado en actos inmorales como la esclavitud.
Por esa negativa, fue encarcelado durante una noche en 1846, experiencia que se convertiría en el núcleo de su ensayo, presentado primero como conferencia en 1848 bajo el título «Los derechos y obligaciones del individuo en relación con el gobierno». El núcleo del ensayo es que, si una ley o política convierte al ciudadano en cómplice de la opresión, es necesario retirar toda cooperación con ese Estado. La verdadera responsabilidad política, sostiene, empieza cuando se deja de ser una pieza dócil de la maquinaria.
Thoreau renuncia así a preguntarse qué es un buen gobierno o cómo alcanzarlo, la pregunta que había guiado la mayor parte de la teoría política anterior y contemporánea. Se pregunta por el comportamiento que debe llevar a cabo el individuo concreto, en forma de resistencia moral, como negativa consciente a colaborar con lo injusto. Porque, cuando las obligaciones del sujeto se apartan del supuesto deber, «ha llegado el momento de que los hombres honrados se rebelen y se subleven».
El pensamiento de Thoreau sobre la desobediencia civil no se basó en principios abstractos, sino que más bien fue una formulación político-filosófica a un estilo de vida que Thoreau ya estaba practicando
«El mejor gobierno es el que menos gobierna»
Con esta célebre máxima se abre el ensayo de Desobediencia civil. Thoreau va todavía más lejos cuando sostiene que «el mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto». Con esto, lo que pretende plantear es que, cuanto más desarrollada está la conciencia moral de los individuos, menos necesidad hay de una autoridad exterior que los dirija, pues así es visto el Estado.
El gobierno es, en el mejor de los casos, un instrumento útil; en el peor y más probable, un obstáculo para la justicia. Puede convertirse en una maquinaria que actúa contra los fines que dice representar. Al ser utilizado por «un grupo relativamente pequeño de personas», puede ser utilizado, por ejemplo, para llevar adelante una guerra que quizás el pueblo nunca habría aceptado de otro modo.
Para Thoreau, el Estado no posee en sí mismo una superioridad moral sobre los individuos. Tiene, más bien, fuerza, organización, leyes, cárceles, impuestos y funcionarios, pero nada de eso garantiza que tenga razón. La libertad en Estados Unidos, por ejemplo, no ha sido una conquista gubernamental. Lo que produce logros como ese es el carácter de las personas y el Estado, en cambio, a menudo se interpone en este camino.
En este mismo sentido, Thoreau no acepta que una decisión sea justa solo porque sea apoyada por mucha gente, o por la mayoría. La mayoría no es lo mismo que la verdad. El gobierno puede ser «físicamente más fuerte», pero no por ello posee revelación alguna. Por eso, la democracia no puede basarse en el principio de la mayoría, porque esa mayoría puede equivocarse, ser cobarde, mirar hacia otro lado o preferir la comodidad a la justicia.
Para Thoreau, antes que ciudadanos, súbditos o votantes, somos seres humanos: «Creo que deberíamos ser hombres primero y después súbditos». Las leyes solo merecen respeto si no contradicen la justicia. Por eso, lo deseable no es cultivar el respeto a la ley, sino a lo justo. Y ese reconocimiento, dice, emana del individuo.
Por eso, el individualismo de Thoreau no consiste en que cada cual hace lo que le da la gana, sino que cada cual debe responder ante su conciencia cuando la ley contradiga lo que consideramos justo. La conciencia obliga al individuo a ejercitar su capacidad de juicio, tomar decisiones y enfrentar las consecuencias.
Thoreau no acepta que una decisión sea justa solo porque sea apoyada por mucha gente, o por la mayoría. La mayoría no es lo mismo que la verdad
Un precursor de la banalidad del mal
Casi un siglo antes de que Hannah Arendt formulase su concepto de banalidad del mal, Thoreau ya señalaba que las leyes pueden convertir a los sujetos en instrumentos para el mal: «La ley no ha hecho nunca a los hombres ni una pizca más justos». Agrega, además, que la ley, más bien, tiende a convertirnos en «agentes de la injusticia».
El ejemplo paradigmático es el del soldado. Thoreau imagina una fila de militares marchando hacia una guerra que desaprueban interiormente. No son monstruos, ya que muchos de ellos son partidarios de la paz. Pero obedecen, y al obedecer dejan de actuar como sujetos morales. Se transforman en cuerpos al servicio de una maquinaria. De ahí la imagen de los hombres que sirven al Estado «no como hombres, sino como máquinas».
Esta idea permite comprender por qué la desobediencia civil no es, para Thoreau, una actitud excepcional reservada a héroes. La desobediencia civil nace contra la separación entre opinión y acción.
La política vende la idea de que votar sustituye a actuar. Pero votar por aquello que es justo, dice, no es todavía hacer nada para que lo justo avance; es expresar débilmente el deseo de que lo haga. La democracia formal puede convivir con injusticias monstruosas, igual que lo terminará haciendo con el totalitarismo que critica Arendt. Thoreau desconfía de la actitud de aguantar y esperar. Su fórmula es: «Transformemos nuestra vida en una fricción que detenga la maquinaria».
¿Por qué dejar de pagar los impuestos?
El gesto concreto de Thoreau de negarse a pagar el impuesto de empadronamiento no se basaba tanto en la cantidad de dinero en sí que suponía el tributo como en el significado político de pagarlo, que lo convertía en cómplice de la esclavitud y la guerra. Esto plantea que la desobediencia civil no siempre es infringir abierta y frontalmente una ley, sino interrumpir una cadena de cooperación, tal vez más débil que la que podían tener un soldado o un esclavista.
Pero Thoreau distingue diferentes tipos de impuestos. No se niega a pagar el de carreteras, por ejemplo, porque le importa ser «tan buen vecino como mal súbdito», ni se opone a contribuir al educativo. Esta distinción impide leerlo como un simple defensor egoísta de no pagar impuestos, encarnado hoy por el evasor fiscal estándar.
Thoreau admite que es imposible rastrear exactamente el destino de cada moneda, pero que el Estado exige, a través de determinados impuestos, un cierto reconocimiento, al que el sujeto tiene el derecho y la responsabilidad de responder «no». Sin duda, de vivir hoy, Thoreau sería un ferviente activista del BDS, el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones.
La desobediencia así considerada llevó a Thoreau a pasar una noche en el cuartelillo. Para él, esto no suponía ningún tipo de contradicción. Leemos en su Desobediencia civil que «el verdadero lugar para un hombre justo es también la prisión». Si el Estado castiga a quienes se niegan a colaborar con la injusticia, entonces la prisión deja de ser una marca de vergüenza.
La cárcel revela la naturaleza del poder. Thoreau cuenta que, al ser encerrado, se sorprendió de la estupidez de una institución que lo trataba como si solo fuera «carne, sangre y huesos». El Estado podía encerrar su cuerpo, pero no sus pensamientos. Como no podía alcanzar su conciencia, castigaba su cuerpo.
El gesto concreto de Thoreau de negarse a pagar el impuesto de empadronamiento no se basaba tanto en la cantidad de dinero en sí que suponía el tributo como en el significado político de pagarlo, que lo convertía en cómplice de la esclavitud y la guerra
Desarrollo de la teoría de la desobediencia civil
El texto de Thoreau se convirtió en un texto clave para teorías posteriores sobre la desobediencia civil. Así considerada no se equipara con la delincuencia común, porque no busca el beneficio privado. Pero tampoco es una insurrección armada, porque no hace comunidad de lucha, aunque Thoreau llega a hablar de una «revolución pacífica» si miles de ciudadanos dejaran de pagar impuestos.
Movimientos de resistencia posteriores encontraron en Thoreau una referencia. Por ejemplo, para Gandhi, en Sudáfrica. El texto se convirtió en un antecedente de la satyagraha, la resistencia pacífica. También fue inspiración para Martin Luther King en la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos. Gandhi y King desarrollan estrategias colectivas de masas, no un pensamiento individualista, como el de Thoreau.
Con este paso a la desobediencia civil de masas, la desobediencia civil se convierte en una pedagogía política. No solo busca cambiar las leyes, sino la percepción social de qué es justo.
Por otro lado, los movimientos de emancipación posteriores, como el marxismo, han señalado numerosos límites a una estrategia individualista como la de la desobediencia civil. Por ejemplo, la mera decisión individual no ofrece un criterio para distinguir entre una causa justa y una fanática. Para eso hace falta un análisis estructural. Tampoco hay respuesta a qué ocurre si muchas conciencias individuales chocan entre sí.
Además, un gesto individual es insuficiente ante estructuras de poder complejas e internacionales. La guerra o el racismo no se detienen solo por la negativa moral de unos pocos individuos. Las tradiciones posteriores de desobediencia civil tuvieron que organizar campañas, movimientos, redes de apoyo, estrategias comunicativas y formas de presión colectiva.
Sin embargo, el gesto de Thoreau puede ser interesante todavía para reconstruir la cadena de responsabilidad de la injusticia y movilizarse para empezar a cuestionarla. Nos invita a no normalizar la injusticia, sino a deslegitimarla y cuestionarla.
Fuente: https://filco.es/
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