sábado, 31 de octubre de 2026

LA INFLUENCIA DE SAFO

La influencia de Safo en la historia de la literatura universal

Presentamos una no tan breve cronología de sus apariciones en papiros, manuales, novelas, poemas y canciones durante veintiséis siglos.



Cronología

600 a. C., aprox. Alceo de Mitilene la describe así: «Pura Safo, de trenzas violeta y dulce sonrisa…».

370-360 a. C., aprox. Platón pone a Safo en boca de Sócrates en una de sus intervenciones del Fedro: «Ahora mismo no sabría decirte. Pero es claro que algo he oído, bien de la hermosa Safo, o del sabio Anacreonte, o de algún escritor en prosa». Siglos más tarde, la Antología Palatina, compilada en el siglo X d. C., recogerá un epigrama atribuido a Platón, que contribuirá a avivar la llama del mito: «Dicen que nueve son las Musas. Qué negligencia. Que sepan que la décima es Safo, la de Lesbos».

350-330 a. C., aprox. Muy a su pesar, Aristóteles salva la vida a una mujer —y a un malhablado, y a un indocumentado— en la Retórica: «Cada cual rinde homenaje a sus sabios. Así, los de la isla de Paros enaltecen a Arquíloco, aunque fuera un blasfemo. Los de Quíos enaltecen a Homero, que no era ciudadano, y los habitantes de Mitilene honran a Safo, aun siendo como era mujer».

300 a. C., aprox. Nosis empieza a tejer genealogía: «Oh, extranjero, si navegas hacia Mitilene, la de hermosas / pistas de danza, la que encendió la flor / da las gracias a Safo, / di que he sido amiga de las Musas / y que la tierra locria me ha engendrado / y sabe que mi nombre es Nosis. Sigue tu camino».

«Dicen que nueve son las Musas. Qué negligencia. Que sepan que la décima es Safo, la de Lesbos».

60-55 a. C., aprox. Catulo adapta el fragmento 31: «Ille mi par esse deo videtur / Ille si fas est superare divos».

13 a. C., aprox. Horacio la canoniza: «Y no borró la edad los juegos de Anacreonte / y alienta todavía el amor y viven las pasiones / de la joven eolia, confiadas a la lira».

10-1 a. C., aprox. Ovidio compone su célebre y letal «Heroida XV».

180-190 d. C., aprox. En sus Disertaciones, Máximo de Tiro tira del hilo de Platón y equipara a Safo con Sócrates, aludiendo a la influencia que han tenido las ideas de ambos en el estudio del amor y el deseo.

1361. Giovanni Boccaccio comienza la escritura de Mujeres preclaras, donde dedicará un capítulo a nuestra «puella lesbia et poeta», con juicios paternalistas sobre sus méritos.

1405. En La ciudad de las damas —que podríamos leer como una respuesta a la misoginia de Mujeres preclaras— Christine de Pizan presenta a Safo como «sabia», y difunde ese chisme según el cual, al morir Platón, se habría encontrado bajo su almohada un libro con versos de la de Lesbos. Rest in Eros.

1554. Tras la muerte de Gaspara Stampa en Venecia, se publican sus rimas amorosas. En una de ellas encontramos a la Safo mítica: «Pues desearía adornar mi cabello / con el más sagrado laurel, siendo mujer como soy / para estar junto a Safo y Corina».

1555. Louise Labé, en Debate de locura y amor, alaba a quienes considera maestros del «amorío» literario. Merece la pena leer cómo suena el original: «Orphee, Muſee, Homere, Line, Alcee, Saphon, & autres Poëtes & Filozofes: comme Platon, & celui qui ha ù le nom de Sage, ha deſcrit ſes plus hautes concepcions en forme d’amourettes».

1677. Se estrena en París Fedra e Hipólito, de Jean Racine. Algunos críticos interpretan esto como un guiño al fragmento 31: «Lo vi, enrojecí, palidecí al verlo; / La turbación se elevó en mi alma extraviada».

1712. Alexander Pope publica el poema «Sappho to Phaon», versionando a Ovidio. En ese tiempo, usa el nombre de Safo para burlarse de la sexualidad de las mujeres y tras un desencuentro con Mary Montagu, lo convierte en un mote satírico contra ella.

1801. María Rosa Gálvez de Cabrera escribe Safo: drama trágico en un acto, uniéndose a la pequeña estirpe de dramaturgas que antes y después llevaron a la griega al escenario, como María Fortuna, Constance de Salm, Madame de Staël, Angelica Palli…

1821. Ve la luz el tercer canto del Don Juan de Lord Byron. Se le cuela el ardor del mito: «¡Las islas griegas, las islas griegas! / Donde la ardiente Safo cantó y amó».

1822. Giacomo Leopardi ahonda en ese dolor en «El último canto de Safo»: «Bello es tu manto, cielo divino; bella tú, húmeda tierra. ¡Ay!, de esta inmensa / beldad parte ninguna concedieron / los dioses y la suerte despiadada / a la mísera Safo».

1850. Un ejercicio de literatura comparada: Carolina Coronado publica el artículo «Genios gemelos. Safo y Teresa de Jesús». Pone en conversación a la mística de Eros con la mística de Cristo, entre temblor y escalofríos.

1857. Charles Baudelaire es llevado a juicio por «ofensa a la moral pública y a las buenas costumbres». El motivo es la publicación de Las flores del mal. La edición completa del libro no aparece hasta varios años más tarde. Uno de los poemas censurados es «Lesbos», donde podemos leer: «De Safo, la viril, que fue amante y poeta, / ¡Más hermosa que Venus en su triste blancor! / El azul se somete al negro que salpica / El tenebroso círculo que el dolor dibujó / ¡De Safo, la viril, que fue amante y poeta!».

1866. Algernon Charles Swinburne canta a la Anactoria sáfica: «mi vida es amarga con tu amor».

1894. Se publica Las canciones de Bilitis, de Pierre Louÿs, presentado como una supuesta traducción de una amiga de Safo, donde la desmesura invade cada fragmento: «¡Gime! ¡Gime! ¡Gime! ¡Oh, mujer! Eros nos arrastra al dolor».

1902. Mercedes Matamoros publica El último amor de Safo: «¡Es mi lira! La dulce lira de oro / con que tu hechizo irresistible canto».

1904. Renée Vivien vuelve a viajar a Mitilene, en esta ocasión junto a Natalie C. Barney. Ese mismo año publica La Venus de los ciegos: «Me arrastras por caminos / donde la perversidad se aburre».

1911. Dorothy Shakespear escribe una carta a Ezra Pound, con quien estuvo leyendo a Safo durante su noviazgo: «Bendita sea Safo, que te ha mostrado un camino hacia la Verdad». Algunos meses después, Pound lee el también sáfico «Hermes de los caminos», de Hilda Doolittle y, sorprendido y emocionado, como quien funda una secta, declara que ha nacido una nueva escuela: los imagistas.

1916. Doolittle empieza a escribir «The Wise Sappho», una reivindicación de Safo como filósofa que se editará ya de manera póstuma, en 1982, como parte de Notes on Thought and Vision.

1920. Natalie C. Barney publica Poems & Poèmes. Autres alliances. Ahí se cuelan unos versos que recuerdan a su viaje a Lesbos con Renée Vivien: «Alza tu voz en un canto, solo tú puedes cantarme / canciones tan blancas y fuertes como las columnas de mármol / de Mitilene».

1922. Sofía Parnok publica Rosas de Pieria en lo que es un claro homenaje a la de Lesbos, pero también una carta de amor a Marina Tsviétaieva: «Es obvio que, en esta vida, no he olvidado / los inolvidables placeres, los inolvidables cantos / que entonaron antaño mis amigas / de la escuela de Safo».

1922 otra vez. Amy Lowell manda el poema «Las hermanas» a una revista. En él reivindica a diversas escritoras canónicas que la inspiraron, con nuestra protagonista a la cabeza: «me pregunto qué fue Safo. / De ella sé una sola cosa, fue leve y delicada: / y amaba como un abedul en llamas».

1932. Marina Tsviétaieva redacta Carta a la amazona: «¡Sauce llorón! ¡Sauce afligido! ¡Sauce, cuerpo y alma de las mujeres! […] Las aguas, los aires, las montañas y los árboles nos han sido dados para comprender el alma del hombre, tan profundamente oculta. Cuando veo desesperarse a un sauce, comprendo a Safo».

Marina Tsviétaieva: «Las aguas, los aires, las montañas y los árboles nos han sido dados para comprender el alma del hombre, tan profundamente oculta. Cuando veo desesperarse a un sauce, comprendo a Safo»

1935. Casualidad tonta: en Teoría del vuelo, Muriel Rukeyser dice «Not Sappho, Sacco», en alusión al anarquista Nicola Sacco. Treinta y cinco años más tarde Alejandra Pizarnik —a la que aquí le faltan unos meses para nacer— rimará «a Safo y a Baffo» al comienzo de La bucanera de Pernambuco, en referencia al pornógrafo Giorgio Baffo.

1967. Jorge Guillén también parece harto de la Safo del mito y en todo caso la honra retomando sus ritmos y adjetivaciones: «Ya los pastores que el jacinto huellan, / vuelven en paz con sencillez de oscuros. / Atis ya implora su secreto a Safo, / noche lunada».

1970, aprox. Anna María Moix escribe una serie de poemas que, según dice, se extravían para siempre. De manera póstuma, sin embargo, reaparecerán: «y leímos ejemplos en la pizarra / desde lejos, tendidos en el césped / del Jardín Oscuro Safo y Verlaine».

1972. Rosario Castellanos reúne la obra poética de una vida bajo el nombre de Poesía no eres tú. En un texto sobre el rechazo al suicidio, se lamenta: «Debe haber otro modo que no se llame Safo».

1976. Anne Sexton lleva un par de años suicidada. Irrumpe en librerías su obra póstuma: «Y los estudiantes de Harvard en las / santificadas / casas de ladrillo estudiaban a Safo en salas de cemento. / Y esta Safo bailó en la hierba / y bailó y bailó y bailó. / Era un baile mortal».

1981. En el último capítulo de Eros, Clara Janés cita el fragmento 31 y un par de páginas después, añade: «sin tu tacto mis pozos enloquecen / y temblor y desgarro / no contiene».

1982. Su autoría es anónima; su título, Cuentos lésbicos. En la introducción, María Cinta Montagut celebra su transgresión y atribuye su origen a alguna autora desconocida del XIX. Poco importa eso al leerlo, el misterio está servido: «Safo no es únicamente nuestra inspiradora y nuestra guía. No es sólo la profetisa de nuestra religión de amor. Es también nuestra diosa, a quien adoramos bajo la advocación de la Luna».

1983. Una Eileen Myles muy política e irónica publica Sappho’s Boat casi a modo de manifiesto: «el lenguaje me importa / más que la vida».

1985. Alda Merini escribe «Saffo», alabando su magia: «oh mujer extraordinaria vela que conduces a un puerto / oh histórica magia oh dulce amarga / esencia de las musas coronadas / de violetas y flores, violeta incluso tú, / ¿por qué el deslumbrante abatimiento / de un amor injustamente negado?».

1985, otra vez. Sappho Durrell se suicida a los treinta y tres años. Es hija de Lawrence Durrell, autor de la pieza teatral Safo y fanático, como pueden ver, de la griega. Al parecer, ella crece detestando su nombre y en sus diarios se sugiere un incesto.

1985, y otra. Aparece el libro póstumo de Ana Cristina César, Inéditos e dispersos, donde leemos algo desconcertante: «Safo en La isla del tesoro recorta el imaginario moderno».

1988. Diana Bellessi sorprende con Eroica, poema épico y erótico que juega con espacios y desapariciones, como dándonos a entender que el deseo siempre se escribe en ruinas.

1992. A la manera de Pierre Louÿs en Las canciones de Bilitis, María Moreno escribe El affair Skeffington. En vez de inventar a una contemporánea de Safo, Moreno crea a Dolly Skeffington, una falsa contemporánea de Natalie C. Barney, asociada al grupo de París-Lesbos. Al final del relato incluye varios poemas con claras señas sáficas: «No soy viril. Soy fuerte […] / Pero ese no es todo mi secreto / Soy mariquita en mi herida invisible».

1999. Mariana Marin advierte a Safo sobre el árbol genealógico de poetas que la sucedieron y la alabaron: «Da, Sapho, s-a mai îngrăşat pământul / de când ne-ai lăsat», esto es, «Sí, Safo, la tierra ha engordado / desde que te fuiste».

1999, otra vez. Carmen Jodra gana el XIV Premio Hiperión diciendo verdades: «Safo la bella: / la lengua está viva / si río en ella».

2002. Anne Carson publica If Not, Winter justo un año después de la aparición del libro que catapultó su fama. Podría decirse que hay tanto del fragmento 31 en La belleza del marido como antes lo hubo en Catulo.

2009. Bart llama lesbiana a Lisa en la temporada 20 de Los Simpson. Ella responde que cómo no iba a querer parecerse a Susan Sontag o a Safo de Lesbos.

2016. Nouri al-Jarrah escribe Qārib ilā Lesbos —Barco hacia Lesbos—, cuando la isla se convierte en un punto de llegada crucial para los refugiados de la guerra siria. En el poema «Tablilla griega», el poeta hace hablar a Safo: «Hermanos sirios, meciéndose sobre las olas, muertos en las playas, febriles, jadeando en costas oscuras con rostros semejantes a la aurora, aquí, en Lesbos, la ciudad que Troya hizo llorar. Venid, dejadme besar vuestras mejillas, encendidas por el miedo».

Nouri al-Jarrah: «Hermanos sirios, meciéndose sobre las olas, muertos en las playas […] aquí, en Lesbos, la ciudad que Troya hizo llorar. Venid, dejadme besar vuestras mejillas, encendidas por el miedo»

2019. Rachel Rabbit White es poeta y trabajadora sexual. En una plaquette titulada Poetry is so Lesbian, afirma: «Safo hizo que el hechizo durara para siempre».

2020. Benito Martínez Ocasio lanza «Safaera». El origen de esa palabra alude a zafar, que en puertorriqueño significa desinhibirse. Fantaseo con la idea de que safaera es también un temblor como los del fragmento 31.

2022. Jewelle Gomez se encuentra una estatua de Safo en el Museo Metropolitano y en su poemario Still Water describe la experiencia «like waking in an Olga Broumas poem». Veinte años antes, Broumas publicó Sappho’s Gymnasium. El safismo como muñeca rusa.

Sara Torres: «Desde un deseo emancipador, Safo existe para inventarla»

2023. Ernesto Castro publica «Safo y lo hetero»: «Cuanto más leo sobre ella, más me parece un heterónimo, un personaje mitológico, la percha en la que los autores grecorromanos colgaban sus vestimentas convencionales cuando querían travestirse».

2025. En pleno auge editorial de la mística, Ariana Reines publica The Rose: «No recuerdo que hayas / Escrito sobre un arcoíris / Recuerdo una manzana / Arriba del árbol / & una muchacha de / Bellos tobillos. Pero en cuanto a Lucifer / Iridiscente; multicolor / Quizá él(la) aún no hubiera nacido / Cuando escribiste por primera vez el amor».

2026. «Desde un deseo emancipador, Safo existe para inventarla», me susurra al oído Sara Torres.


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