miércoles, 19 de agosto de 2026

ESTOICISMO HOY

El estoicismo hoy: el porqué de su regreso

En «Estoicismo. Diccionario esencial», de Libros de FILOSOFÍA&CO, cinco filósofos exponen los principales conceptos de la corriente estoica. Publicamos aquí su prólogo y epílogo, donde defendemos la importancia de volver a los clásicos, pero analizamos también las perversas modificaciones (liberales) que pueden ocurrir cuando esto pasa.


Otra vez el estoicismo

Los ritmos sociales se aceleran como nuestro pulso al correr. Cada vez más, las transformaciones tecnológicas nos convierten en extranjeros de nuestra propia realidad y hasta de nuestros propios cuerpos. Como los asombrados habitantes de Macondo en Cien años de soledad, que andaban en plena revolución industrial, cada día salimos a descubrir un mundo distinto al del día anterior, un mundo que cambia a velocidades de vértigo. Este paisaje vital desorienta, por supuesto, porque cada vez es más difícil encontrar a tiempo asideros que nos permitan encontrar un lugar estable entre tanto movimiento. Hoy solo tenemos una cosa clara: nada está del todo claro.

Este vaivén constante de nuestra sociedad, para colmo, no nos deja detenernos a pensar o a analizar. Así, la experiencia contemporánea, como escribió Mark Fisher, es la de estar cansados, pero hiperestimulados. Nuestra experiencia es la de vivir en un barco que no para de moverse y que nos marea y que, encima, no sabemos a dónde va. Porque si el conocimiento es, como nos explica en este libro el profesor de filosofía Iván de los Ríos, la correcta discriminación y elaboración de las sensaciones que nos llegan, nuestro tiempo sacude e imposibilita cualquier posibilidad de conocimiento verdadero porque nos atiborra los sentidos de estímulos basura. Entre tanto trajín hiperacelerado solo alcanzamos a balbucear nuestro mareo.

Este escenario es un escenario de precariedad existencial, un escenario tremendamente inestable. Los grandes relatos heredados del siglo pasado (así como muchas de sus instituciones) dan cada vez más muestras de agotamiento y el mundo se descompone materialmente a ritmos inusitados: los trabajos cada vez son más precarios, las crisis más fuertes y el planeta está a punto de estallar. ¿Cómo podemos vivir (más allá de sobrevivir)? ¿Cómo podemos siquiera soñar con ser felices? Más aún si la felicidad es la meta por excelencia de los seres humanos, como nos dice la filósofa Myriam Rodríguez del Real en la entrada correspondiente de este diccionario.

No parece fácil alcanzar la felicidad, no. Normal, entonces, que habitemos una época que pone el foco en resolver el sufrimiento individual a través del cambio del propio individuo. Porque si todo va sumamente rápido y el mundo nos parece inasible, entonces tendremos que poner el foco en lo que más cerca parecemos tener: nosotros mismos. De ahí la proliferación de eslóganes de autoayuda durante los últimos años. Eslóganes como: «El dolor es objetivo, pero el sufrimiento es opcional», «Si controlas tus pensamientos, nada puede hacerte daño», «Controlando lo que deseamos, podemos controlar lo que nos hace daño»… Una plétora de mensajes que ponen el foco en el individuo y en su libertad. Algo propio de nuestra época, donde la libertad se pone en el centro (aunque, como veremos con el profesor Daniel Rosende, nuestro concepto de libertad no sea exactamente el mismo que el que tenían los antiguos filósofos).

En nuestra época, la libertad se pone en el centro, aunque, como veremos con el profesor Daniel Rosende, nuestro concepto de libertad no sea exactamente el mismo que el que tenían los antiguos filósofos

Dentro de esta búsqueda de soluciones individuales a un panorama inestable, el estoicismo ha sido una de las respuestas más populares. Y no es para menos. Por un lado, el estoicismo es una filosofía sólida, tremendamente influyente en la historia y mucho más profunda, qué duda cabe, que los panfletos de autoayuda que a veces vemos circular. De esta forma, muchas personas llegan al estoicismo cansadas de la poca justificación teórica de las propuestas pseudopsicológicas de los escritores de autoayuda. A diferencia de ellos, en el estoicismo la razón es un componente esencial de su filosofía, como plantea el filósofo Álvaro M. Guerrero. Las personas que se acercan hoy al estoicismo, entonces, ansían un programa ético de mejora de uno mismo basado en unos principios racionales, profundos y verdaderamente filosóficos. El estoicismo sin duda cumple con estos parámetros.

Tenemos, entonces, un tiempo que se vuelca sobre sí mismo. Tenemos, por otro lado, una filosofía que da respuesta a esto. Y es que en toda la filosofía de la antigua Grecia, el mantra «conócete a ti mismo» fue fundamental. Como señala el Foucault de los tomos II y III de la Historia de la sexualidad, en los griegos el conocimiento de uno no estaba desligado del conocimiento del mundo: conocer el mundo implica transformarse. ¿Cómo saber que los animales sufren cuando los matamos y seguir comiéndolos, por ejemplo? De ahí que fuera un suelo común a todos los filósofos griegos la preocupación por el cuidado de sí. Por eso, Anaxandridas (en las Máximas de Espartanos, de Plutarco), a la pregunta de por qué los espartanos dejaban el cultivo y arado de las tierras a sus esclavos, en vez de hacerlo por sí mismo, dijo: «Porque preferimos ocuparnos de nosotros mismos». Y ese ocuparnos era, sobre todo, saber controlar nuestros instintos (como nos recuerda en este libro la filósofa Magdalena Reyes), ejercer el control sobre las distintas partes del alma.

Anaxandridas (en las Máximas de Espartanos, de Plutarco), a la pregunta de por qué los espartanos dejaban el cultivo y arado de las tierras a sus esclavos, en vez de hacerlo por sí mismo, dijo: «Porque preferimos ocuparnos de nosotros mismos»

El propósito de este libro es precisamente ese: contribuir a elaborar una hoja de ruta con la que orientarnos en el rico universo estoico, que no es solo fuente de reflexiones sobre nosotros mismos, sino también una sólida filosofía en torno a la realidad y el kosmos. Por eso, hemos querido reunir a diferentes filósofos y filósofas (Magdalena Reyes, Iván de los Ríos, Daniel Rosende, Myriam Rodríguez del Real y Álvaro M. Guerrero) que desde diferentes enfoques, experiencias y modos de abordar el pensamiento estoico, nos ofrecen una constelación de términos y autores que al lector le resultarán enormemente útiles para manejarse con soltura en el vocabulario estoico.

El estoicismo liberal

El entrenador de la selección española recomienda las Meditaciones de Marco Aurelio en su directo en Twitch durante el mundial de fútbol. En un directo de Instagram, un influencer con más de un millón de seguidores habla de cómo el estoicismo le ha ayudado en su vida personal. En las librerías, los antiguos estoicos se cuelan entre los libros más vendidos. ¿Asistimos a una vuelta del estoicismo? Sí, parece que sí, y a los hechos nos remitimos. Pero el asunto es un poco más complejo: ¿qué estoicismo está volviendo?

El estoicismo que puebla las redes y los discursos de los famosos es un conjunto de mensajes y proclamas basados en la autosuficiencia del individuo. Son mensajes enfocados a la autogestión emocional y a la independencia («Todo depende de ti») y que a menudo ensalzan la libertad de los actos y la libertad de interpretación («De ti depende cómo te afecten las cosas») achacando la responsabilidad del sufrimiento al individuo y a su mal enfoque interpretativo (o mindset, en sus propios términos). ¿Es esto lo mismo que decían los antiguos griegos? ¿Está habiendo una manipulación de la filosofía estoica? Bueno, ni tanto ni tan poco. Estas proclamas individualistas no están del todo alejadas con respecto al estoicismo clásico. Como hemos visto en este diccionario, el estoicismo creía firmemente en la capacidad de control del individuo y en que lo que nos perturba no son los hechos en sí (una ruptura de pareja, por ejemplo), sino nuestra interpretación de los hechos (cómo nos tomemos la ruptura).

Sin embargo, este estoicismo liberal, si queremos llamarlo así por su marco claramente neoliberal, a menudo configura estas proclamas estoicas como medio para un fin mayor: ganar más dinero, tener más mujeres (son normalmente hombres de la conocida como manosfera los que comparten este tipo de contenido) y tener una vida más exitosa. Esta es una de las grandes diferencias con el estoicismo clásico. Para el estoico antiguo, los hechos se podían aceptar sin dolor porque se creía fuertemente en el destino. En otras palabras, no teníamos que lamentar la muerte de nuestro hermano o la ruptura con nuestra pareja porque el mundo ya tiene marcado su camino, su propio destino.

¿Cómo vamos a lamentar algo que no podemos controlar? Para los antiguos estoicos está todo escrito. Para el estoico liberal, en cambio, el control de uno se concibe como medio para un deseo mayor: la riqueza o la fama. De ahí que este tipo de proclamas estoicas las veamos normalmente asociadas a cuentas en redes o a podcasts relacionados con el movimiento de las criptomonedas, inversiones o contenidos similares. De esta forma, esta revisión del estoicismo entra en profunda contradicción con el estoico antiguo, que era capaz de controlar sus pasiones y sus emociones porque se deshacía de sus apetencias terrenales y de sus deseos más mundanos. El estoico liberal, en cambio, se quiere librar de todos los deseos y de sus ataduras emocionales, salvo de una, que coloca como un fin, a saber, el deseo de ganar más dinero, el deseo de más mujeres, el deseo de mayor fama.

El estoicismo que puebla las redes y los discursos de los famosos es un conjunto de mensajes y proclamas basadas en la autosuficiencia del individuo. Son mensajes enfocados a la autogestión emocional y a la independencia

Este comportamiento, además, presupone una creencia aún más arraigada en este tipo de seguidores neoestoicos: la creencia en la movilidad social. Esta idea de que uno puede mejorar su situación de partida a lo largo de su vida es profundamente extemporánea al estoicismo clásico, que partía del hecho de que nacemos esclavos (como Epicteto) o emperadores (como Marco Aurelio) y eso nada dice de una vida feliz. El destino ya está dado, se trata de aceptar las cartas, de no nadar a contracorriente en el río. En ningún caso Epicteto deseaba con las enseñanzas estoicas ser emperador, evidentemente. La enseñanza estoica le ayudaba precisamente a lo contrario: aceptar que podía ser un esclavo toda su vida.

¿Y por qué esta vuelta estoica? ¿Por qué este revival de una filosofía tan antigua? Hay varios motivos, pero a nosotros nos gustaría destacar, al menos, tres. En primer lugar, por lo que dijimos al comienzo de este libro: el estoicismo es una fuente de tranquilidad en períodos convulsos. Es una filosofía tremendamente despolitizadora, que se centra en la felicidad del individuo y que persigue no ya la justicia de la sociedad, sino el bienestar del sabio. Es una filosofía, por tanto, que es fácil que resucite cuando la arena política es demasiado movediza o cuando fuera nada nos da seguridad y todo parece tambalearse. Este mundo es claramente el nuestro.

En segundo lugar, es una filosofía individualista que preconiza que el individuo tiene libertad para controlar sus pensamientos y la interpretación que hace del mundo. Una filosofía que desecha la interdependencia de los seres humanos y confía en la capacidad que cada uno tenemos para controlar nuestras propias emociones y nuestros sentires. En una sociedad cada vez más individualista, este tipo de filosofías encajan demasiado bien porque sus enseñanzas de que el sufrimiento depende, en última instancia, de nosotros, casa demasiado bien con la idea de que el pobre es pobre porque quiere o de que todo en la vida depende de la propia voluntad (y no de nuestra clase o de nuestro género, por ejemplo).

Pero ¿por qué la filosofía estoica? ¿Por qué no diseminar las mismas proclamas individualistas sin más? ¿Por qué volver a traer a Marco Aurelio o a Zenón? Porque, y esta es nuestra tercera razón, los marcos de racionalidad débil de la mayoría de nuestros debates necesitan reforzarse con argumentos de autoridad. Así, es más fácil hacer pasar proclamas individualistas si citamos a filósofos que fueron emperadores romanos o a grandes sabios de la Antigüedad, como Séneca.

El estoicismo es una filosofía individualista que preconiza que el individuo tiene libertad para controlar sus pensamientos y la interpretación que hace del mundo, desecha la interdependencia de los seres humanos y confía en la capacidad que cada uno tenemos para controlar nuestras propias emociones y nuestros sentires

De este modo, despolitización, fuerte individualismo y necesidad de fuentes autorizadas son las tres razones que nosotros creemos que están detrás de este resurgimiento del estoicismo. ¿Creemos, entonces, que el estoicismo no nos puede aportar nada más y que hay que tratarlo como un apéndice neoliberal más dentro de la guerra cultural que parece que vivimos desde los tristes años ochenta? No, por supuesto que no. El estoicismo (como hemos visto con los escritores de este libro) es una filosofía riquísima que nos enseña algo más que a creernos independientes del mundo. Su apuesta por la felicidad como un lago que no desborda, un lago en calma y sin perturbaciones, es un camino muy útil para nuestras sociedades hiperestimuladas.

Además, su propio hacer filosófico es el ejemplo que mejor nos puede venir a día de hoy: comprender el mundo y la realidad nos ayudará a comprendernos a nosotras mismas y a encajar mejor nuestra libertad en un mundo determinado por leyes físicas. Así, el estoicismo tiene mimbres suficientes de los que tirar, esquinas poco recorridas e interpretaciones que aún están por hacerse. Arrancar la lectura fácil y rápida al neoliberalismo no es solo un ejercicio de riqueza filosófica, sino también un grato ejercicio de imaginación que, quizá, nos ayude a descubrir nuevos acompañantes en unos tiempos tan convulsos. Obras como esta, completas, rigurosas y llenas de matices, nos ayudarán a lo que siempre debió ser nuestro objetivo: descubrir no tanto el estoicismo que nos han contado, sino nuestra propia interpretación del mismo. Eso sí que depende de nosotros.

Fuente: FILOSOFÍA&CO



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