martes, 1 de septiembre de 2026

CHOMSKY VS FOUCAULT

¿Nuestras sociedades son democráticas? Chomsky y Foucault frente a frente

Los trabajos de Chomsky y Foucault han influido enormemente en las ciencias sociales (Foucault) y en la lingüística y ciencias cognitivas (Chomsky). Ambos han sido muy críticos con la sociedad actual, señalando las grietas de un sistema que rebosa injusticia. Este diálogo es parte del debate que tuvo lugar entre ambos en la televisión holandesa.

Chomsky y Foucault 

Noviembre de 1971, día 28. En Europa han transcurrido poco más de tres años desde el seísmo producido por el Mayo francés y, al otro lado del océano, la guerra de Vietnam es el principal asunto que preocupa y del que se habla. En el terreno de la filosofía también es tiempo de cambios: las antiguas corrientes de los años cincuenta (el humanismo, el existencialismo, el estructuralismo) están dejando paso a nuevas corrientes que todavía no tienen un nombre concreto, pero que ya impactan fuertemente en la academia (y que se agruparán más tarde bajo la etiqueta de «posestructuralismo»).


Debates entre filósofos

Sensible a la particularidad de este momento filosófico, la cadena de televisión holandesa NOS (Nederlandse Omroep Stichting) organiza una serie de debates entre filósofos bajo el título de International Philosophers Project. Por allí pasan los grandes pensadores de la época, como Leszek Kolakowski y Henri Lefebvre, Karl Popper y John Eccles o Alfred Ayer y Arne Naess, entre otros.

De entre todos los debates, el que tiene más repercusión es el que enfrenta a Michel Foucault y a Noam Chomsky, que ya son filósofos de primera categoría. A pesar de sus reconocidas diferencias, ambos tienen en común dos aspectos fundamentales: el estudio del lenguaje y sus posiciones políticas radicales de izquierda. Sin embargo, dentro de estas áreas de semejanza existen grandes desacuerdos.

En primer lugar, Chomsky —que estudia el lenguaje como un lingüista— lleva años analizando cómo es posible que aprendamos una lengua, es decir, cómo es posible que a partir de un número limitado de frases que oímos en un tiempo finito seamos capaces de aprender toda una lengua y generar (infinitas) frases nuevas y originales. Sus trabajos le llevan a afirmar que debe existir alguna estructura innata en nuestra mente que nos permite dar ese salto cualitativo. De ahí la postura de Chomsky en el debate político de la televisión: existe una naturaleza humana y, además, una de las características humanas más importantes es la creación de lo nuevo.

    Ambos tienen en común dos aspectos fundamentales: el estudio del lenguaje y sus posiciones políticas radicales de izquierda. Sin embargo, dentro de estas áreas de semejanza existen grandes desacuerdos.


Foucault ha llegado al lenguaje de la mano de la filosofía, no de la lingüística. En el año 1966 publicó Las palabras y las cosas, la obra que le catapultó a la fama, donde estudiaba la estructuras (epistemes) subyacentes a nuestra forma de comprender la realidad. En el apartado político, Foucault es tachado por Sartre de burgués por no adherirse al marxismo, aunque lo cierto es que Foucault está más centrado en detectar las relaciones de poder y su circulación que en andar dibujando una nueva utopía (marxista o no).

Chomsky, por su parte, es un activista reconocido contra la guerra de Vietnam y se adhiere al anarcosindicalismo, prestando mucha más atención que Foucault a la forma en que la sociedad debe organizarse. Por todos estos motivos, Elders, el presentador del debate, dice al comienzo del mismo que parece que ambos son «dos obreros que estuviesen perforando un túnel en una montaña, cada uno desde un lado opuesto, con instrumentos diferentes y sin saber si se encontrarán».

Chomsky y Foucault: diálogo sobre la naturaleza humana y la justicia

El debate se organiza en torno a dos ejes temáticos: la naturaleza humana y la justicia. En lo referente a la naturaleza humana, las posturas no pueden estar más enfrentadas. Foucault se muestra tremendamente crítico con las estructuras innatas que propone Chomsky en su teoría neurolingüística, y su postura está más cerca del constructivismo radical que de cualquier esencialismo.

La segunda parte del debate, la que tiene que ver con las posiciones políticas, es la que más repercusión genera. A continuación reproducimos una parte de la misma.

Elders. Quisiera preguntarle, señor Foucault, por qué le interesa tanto la política, ya que dijo que le interesa mucho más que la filosofía.

Foucault. ¿Por qué no debería interesarme? Qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia. De modo que no puedo responder a la pregunta acerca de por qué me interesa. Solo podría responder con otra pregunta: ¿cómo podría no interesarme?

Elders. Señor Chomsky, estamos muy interesados en conocer sus objetivos políticos. Sabemos que se adscribe al anarcosindicalismo o, como ha expresado con mayor precisión, al socialismo libertario. ¿Cuáles son los objetivos más importantes del socialismo libertario?

Chomsky. Permítame comenzar haciendo referencia a algo sobre lo que ya hemos hablado. Si es correcto, como creo, que un componente fundamental de la naturaleza humana es la necesidad de la creación libre sin las limitaciones arbitrarias de las instituciones coercitivas, se desprende que una sociedad decente debería llevar al máximo las posibilidades de realización de esta característica humana fundamental. Esto significa intentar la superación de los elementos represivos, opresivos, destructivos y coercitivos que se encuentran en toda sociedad real como residuo histórico. Ahora bien, toda forma de coerción o de represión, como la propiedad privada del capital o el control estatal sobre algunos aspectos de la vida humana, pueden justificarse —si acaso esto es posible— solo en términos de la necesidad de subsistencia, o la necesidad de supervivencia, o de defensa ante un destino horrible, o algo semejante. No es posible justificarlas de forma intrínseca. Más bien, se las debe superar y eliminar. Y con esto me refiero al capitalismo privado, al totalitarismo estatal o a las variadas formas mixtas de capitalismo de Estado existentes. Se trata de vestigios que deben ser derrocados, eliminados en favor de la participación directa mediante asambleas de trabajadores u otras asociaciones libres que los individuos constituirán por su cuenta sobre la base de su existencia social y de su trabajo productivo. Cuando hablo de anarcosindicalismo me refiero a un sistema federado y descentralizado de asociaciones libres que incorpore instituciones económicas, así como otras instituciones sociales.

Elders. Señor Foucault, ¿cree usted, después de haber escuchado esto, que podemos describir a nuestras sociedades como democráticas?

Foucault. No, en realidad, nunca se me ocurriría llamar democrática a nuestra sociedad. Si por democracia entendemos el ejercicio efectivo del poder por parte de un pueblo que no está dividido ni ordenado jerárquicamente en clases, está claro que estamos muy lejos de una democracia. Me parece evidente que estamos viviendo bajo un régimen de dictadura de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales. A ese nivel, hablar de democracia carece por completo de sentido. Sin embargo, mi camino presenta muchos menos avances; no llego tan lejos como el señor Chomsky. Esto significa que admito mi incapacidad para definir o, por motivos todavía más fuertes, proponer un modelo social ideal para el funcionamiento de nuestra sociedad científica.
Por otro lado, una de las tareas que considero urgentes y apremiantes, por encima y más allá de todo lo demás, es la siguiente: deberíamos indicar y mostrar, incluso cuando están ocultas, todas las relaciones del poder político que actualmente controlan el cuerpo social, lo oprimen y lo reprimen. Creo que el poder político también se ejerce a través de la mediación de ciertas instituciones que parecerían no tener nada en común con el poder político, que se presentan como independientes a este, cuando en realidad no lo son. Sabemos esto en relación con la familia y con todos los sistemas de enseñanza, que al parecer solo diseminan conocimiento, pero se utilizan para mantener a cierta clase social en el poder y para excluir a otra de los instrumentos del poder. Las instituciones del saber, de la previsión y el cuidado, como la medicina, también ayudan a apuntalar el poder político. Esto también es evidente, incluso a un nivel escandaloso, en ciertos casos vinculados con la psiquiatría. Si no logramos reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase, corremos el riesgo de permitir la continuidad de su existencia y de ver a este poder de clase reconstituirse a sí mismo, incluso después de un aparente proceso revolucionario.

    «Deberíamos indicar y mostrar, incluso cuando están ocultas, todas las relaciones del poder político que actualmente controlan el cuerpo social, lo oprimen y lo reprimen». Foucault


Chomsky. Sin duda estoy de acuerdo, no solo en teoría, sino también en la acción. Creo que hay dos tareas intelectuales. Una, a la que me referí, es intentar crear la visión de una sociedad futura donde impere la justicia; esto significa crear una teoría social humanista basada, si es posible, en una concepción humanista y firme de la esencia humana, o de la naturaleza humana.
Esa es una de las tareas. La otra consiste en comprender cabalmente la naturaleza del poder, la opresión, el terror y la destrucción en nuestra propia sociedad. Sin embargo, creo que sería una pena abandonar por completo la tarea —en cierto modo más abstracta y filosófica— de intentar establecer las conexiones entre un concepto de la naturaleza humana que dé lugar a la libertad, la dignidad, la creatividad y otras características humanas fundamentales, y una noción de la estructura social donde estas propiedades puedan realizarse y la vida humana adquiera un sentido pleno. Y, de hecho, si estamos pensando en la transformación social o la revolución social, debemos saber algo acerca de hacia dónde creemos que vamos, y dicha teoría puede indicárnoslo.

Foucault. Sí, ¿pero no se corre un peligro en ese caso? Si usted dice que existe una cierta naturaleza humana y que esta naturaleza humana no ha recibido en la sociedad actual los derechos y las posibilidades que le permitan realizarse… Creo que eso es lo que acaba de decir…

    «Hay dos tareas intelectuales: crear la visión de una sociedad futura donde impere la justicia y comprender la naturaleza del poder, la opresión, el terror… en nuestra sociedad». Chomsky


Chomsky. Sí.

Foucault. Pues si uno admite eso, ¿no se corre el riesgo de definir esta naturaleza humana en términos tomados prestados de nuestra sociedad, nuestra civilización, nuestra cultura? Voy a considerar un ejemplo y hacer una simplificación. El socialismo de cierto período (finales del siglo XIX y comienzos del XX) admitía que en las sociedades capitalistas el hombre no había hecho realidad todo el potencial de su desarrollo y autorrealización; que la naturaleza humana estaba efectivamente alienada en el sistema capitalista. Y soñaba con una naturaleza humana finalmente liberada. ¿Qué modelo utilizó para concebir, proyectar y eventualmente llevar a la práctica esta naturaleza humana? Fue el modelo burgués. Consideraba que una sociedad desalienada era una sociedad que daba lugar, por ejemplo, a una sexualidad de tipo burgués, a una familia de tipo burgués, a una estética de tipo burgués. Es más, esto es lo que ha ocurrido en la Unión Soviética y en las democracias populares: se ha reconstituido un tipo de sociedad traspuesta de la sociedad burguesa del siglo XIX. La universalización del modelo de la burguesía ha sido la utopía que ha animado la constitución de la sociedad soviética. Creo que usted también se dio cuenta de lo difícil que es definir en forma exacta la naturaleza humana. ¿No corremos el riesgo de equivocarnos?

Fuente: https://filco.es/ 

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